Aprender a decir que no. Porque el No es un límite verbal

Aprender a decir que no. Porque el No es un límite verbal

Hace unos días, en una sesión con una adolescente (a quien llamaremos Javiera), me comentaba acerca de lo que le molestaba de su abuela, quien actualmente posee su cuidado personal otorgado por tribunales. Ella ha sufrido durante su infancia una serie de vulneraciones a sus derechos que la mantuvieron un tiempo dentro de una residencia de SENAME.
Dentro de lo poco que Javiera logra explicitar me señala que su abuela es una persona muy de piel a quien le gusta abrazar y hacer cariño, pero ella no se siente cómoda con ello, el contacto físico aún le trae recuerdos de su pasado de maltrato y prefiere mantener la distancia incluso con su familia. “Por más que le digo que no me gusta no entiende, cree que hacerme cariño es mejor, pero no es así, me molesta, me enojo y terminamos discutiendo”, me decía ella; a mí me hacía sentido, a su abuela no.
Lo que quiero graficar con el ejemplo anterior es la importancia de que los adultos podamos escuchar cuando los niños, niñas o adolescentes nos dicen que no. El NO como palabra, aparece aproximadamente a los 2 años y es el primer límite verbal que tienen los niños y niñas contra los mandatos y conductas de los adultos, es su forma de decirnos que están incómodos o que desean otra cosa, por eso muchos disfrutan diciéndole que no a todo a los padres y madres lo que transforma actos cotidianos en una batalla campal.
Sin embargo, hay situaciones mucho más complejas en términos del impacto que tiene el NO a nivel de nuestra sexualidad, tanto en la infancia como en la adultez, particularmente cuando no respetamos ese límite como adultos.
Quizá en nuestra propia infancia, nos vimos forzados a saludar a otro adulto con un beso en el rostro ya que eso demostraba “buena educación”, en consulta muchas veces las madres y/o padres insisten en que sus hijos e hijas se despidan de mi con un beso en la cara a pesar de que demuestran corporalmente que no están cómodos con eso: presionan sus labios, esconden sus manos, intentan irse lo más rápido posible, etc. El relajo en los niños aparece cuando les entrego otras formas de despedirse de mí: moviendo la mano o diciendo “nos vemos”, sin obligarlos a darme un beso en el rostro ni a recibirlo. Los niños siguen despidiéndose, pero de una forma que a ellos les acomode.
Para los adultos es extremadamente difícil tolerar que los niños nos digan no porque muchas veces se relaciona con la posible pérdida de poder como figuras de autoridad. Sin embargo, la aparición del “no” en la vida del ser humano se instala como un mecanismo de defensa, como un límite contra situaciones y/o personas que no nos entregan la confianza suficiente para permitirles el ingreso a nuestra área de privacidad.
Si bien la cultura latina tiene un componente de mayor contacto físico, imponerle a los niños que saluden a un adulto desconocido puede traer consigo una serie de aprendizajes complejos y es aquí donde debemos tener ojo: si el niño no quiere acercarse a un adulto porque no se siente cómodo y a pesar de oponerse (conductualmente la mayor de las veces) se le insiste en que debe hacerlo, entonces a los adultos no se les dice que no?, y si el adulto hace algo que me incomoda?, eso significa que si yo digo que no, eso no importa? El otro puede seguir haciendo lo que quiere?
Quizá no consideremos que algo tan mínimo pueda tener un alto impacto en los niños y niñas, sin embargo, recuerdo que una joven me comentaba que ella jamás habría pensado en oponerse a su agresor sexual pues a ella le habían recalcado infinitas veces que a los adultos no se les falta el respeto independiente de lo que ellos le hicieran a ella, era una ley dentro de su mente que no fue capaz de romper.
Por ello, darles el derecho a decir que no en cosas básicas y hacerlos consciente de que si no sienten la confianza con otro no se acerquen pueden ser un buen aliado para los niños y niñas. Cuantos adultos hoy en día no sienten infinitas dificultades para decir que no a algunos requerimientos de parejas/amigos/familias?, cuantos no se sienten culpables incluso?.
El impacto en la sexualidad adolescente y/o adulta es tan complejo que incluso puede llevarnos a realizar actos que nos hacen sentir mal sólo porque existe la sensación de que nunca pueden decir que no, sólo porque queremos complacer al otro. A la base, la sensación psíquica es que el vínculo puede desaparecer y/o romper si nosotros decimos que no a lo que se nos solicita.
Por eso es tan importante entender que los niños y niñas sí pueden decir que no a un adulto. Algunos padres me dicen “ah claro entonces que nos digan que no a todo”, incorrecto, hay muchas situaciones en las que yo insto a los padres que no consulten: por ejemplo si su hijo arde en fiebre y él dice que no quiere ir al doctor, la buena utilización del poder adulto implica comprender su temor, contenerlo, pero llevarlo de todas formas pues sin ello podrían agravarse.
Que los niños y niñas nos puedan decir que “no”, no nos quita autoridad como adultos pues ésta no se basa en la imposición del poder, sino en la utilización de éste de forma sabia y adecuada.
Karla Donoso
Psicóloga
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