“Así era el día del amor antes” por Sebastián Norambuena

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La historia (Católica, como casi todo), dice que San Valentín es el santo patrono de los enamorados, ¿por qué? Porque un emperador, del siglo III, prohibía el matrimonio de los jóvenes, porque según él, los solteros, al no tener familia, eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras. El sacerdote Valentín, oficiaba matrimonios en secreto (siempre turbios los curas), desafiando al temido emperador. Acto seguido, tuvo un supuesto milagro, y lo mataron un 14 de febrero. De ahí en más, que la “tradición” indica que en esa fecha, celebramos el amor. Supongo que habrá más de algún creyente leyendo esto, así es que no emitiré opinión al respecto. Siempre con respeto.
Historia aparte. A quién no le pasó eso de pasar tardes enteras buscando peluches mamones y melosos, en tonos lilas y rosados, que se parecieran a uno (simios, elefantes, osos, “burros”), que llamaran a la ternura; sumado a eso, siempre el regalo iba acompañado de una tarjeta que tuviera la frase perfecta, sin caer en lo rimbombante, pero que dijera justo lo que no te atrevías a decir: “Si el cielo fuera de un color… sería el de tus ojos”… dios mío… o “Mi camino siempre será a tu lado” con dos tipos caminando hacia un sol naranjo… creo que voy a llorar…
Bueno, luego de que te gastabas la poca plata que tenías en regalar el famoso animal morado, al cual muchas veces rociabas con tu perfume, y la tarjeta llena de arcoíris, venía la mejor parte: La retribución. Porque, digámoslo, no existe hombre en la tierra que haga algo por nada. Y a esa edad, donde despertábamos con el animal (peluche) alborotado, era justo un “algo” al menos, ¿No? O sea, me mamé una tarde entera buscando un regalo y me gasté la mitad de la plata de mis vacaciones ¿para nada? ¡No pues!
Al ser verano en esta parte del mundo, por lo general pasaba que la polola no estaba de vacaciones en el mismo lugar, por ende, al peluche y la tarjeta, había que sumar el pasaje para ir a su encuentro, ¿o creían que ella iba a venir? Jamás. Era el hombre el que tenía que conquistar y jugársela, y casi siempre de sorpresa. Mientras ella estaba carreteando feliz con sus amigas, propio de la edad, ya enamorada de otro, el baboso llegaba ordenadito a molestar con una sarta de cachivaches en la mano diciendo “te amo” (imagínenselo con voz tonta). A lo que ella respondía “ah, viniste, qué rico”… pasaje de vuelta y a la mierda el peluche, el cual, terminaba en tu cama, pasado a tu perfume, llorando contigo y viendo una película porno para “consolar” el momento…
Así era el día del amor antes. En las mejores ocasiones, terminaba en algún atardecer, tirados en la playa con un chal, haciendo movimientos puntiagudos, comiendo helados, diciendo cosas como “para siempre” o “hasta que seamos viejitos”. Inocencia pura. Hoy, las ofertas van desde kits románticos para todo tipo de juegos eróticos; cenas en hoteles (con pieza incluida), escapadas de fin de semana, fiestas temáticas, etc.
¿Tú? ¿Cómo lo celebras? ¿Inventas alguna cosa loca, o vuelves un poco a la adolescencia?
Séxito.
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About

@KarenUribarri Karen Uribarri, sexblogger, periodista especializada en sexualidad, además de columnista y videobloguera con presencia en importantes medios de comunicación de Chile.

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