Átame por placer

Practicado durante siglos por hombres y mujeres, el acto de impedir el movimiento de la otra persona en una relación sexual, ha florecido como medio de satisfacción para quienes buscan en la dominación el encantamiento erótico con el otro. Y es que el bondage ha estado siempre en nuestra cultura. En la época primitiva, el hombre ataba a la mujer del tobillo o muñeca para impedir que escapase; en el siglo XIX padres ataban las manos de sus hijos para evitar que éstos se masturbaran y actualmente, la mayoría de las películas pornográficas contienen escenas de este tipo de ‘juegos sexuales’.
Dependiendo de la personalidad de la pareja, el bondage puede entregar diversos beneficios que van desde la descarga de adrenalina, el aumento de la tensión sexual, la liberación de las ondas Alfa (que son las que se emiten en estado hipnótico o de atención difusa), e incluso puede llegar a provocar euforia, dependiendo del nivel de tirantez de las ligaduras.
En el caso de los hombres, generalmente prefieren un bondage en el que se sientan casi indefensos frente a su amante, en cambio otros prefieren descubrir cómo a través sólo de la voz pueden seguir dominando a su pareja pese a estar atados. Hay otros que sienten que el estar atados los libera de ser parte activa en la relación sexual y, por lo tanto, no debe cumplir sexualmente, sino que pueden disfrutar de las sensaciones y dejarse mimar en cierto modo.
Claro que ser amo en un bondage, también implica ser un amo responsable y cuidadoso. Eso nunca lo olvides.

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