Balance amatorio-sexual

Balance amatorio-sexual

balance AMATORIO
Se termina el año señores y es momento de balances. Obvio. Cómo no hacer un recuento de lo bueno, lo malo, lo feo de este año que ya nos deja. Ahora, como esta es una web relacionada al sexo, no haré un recuento de política ni sucesos mundiales, me muero de lata; haré un balance amatorio-sexual. Rebobine su cassette y piense ¿cómo fue este año en materia sexual? ¿Lo pasé bien? ¿Mal? ¿Gocé como loco? ¿Me aburrí como ostra? Tú dirás. Todos tenemos movimiento de esa índole y hacer un análisis, no hará otra cosa que aportar, ¿para qué? Simplemente para que el año que viene, no hagamos tanta pelotudez, disfrutemos más, estemos dónde y con quién queremos, etc.
¿Estuve con la persona que quería? ¿Fue bueno estar con esa persona? ¿Aportó en mi crecimiento como amante, amigo, pareja? Nunca nos detenemos a pensar en esto. Por lo general, estamos más enfocados al trabajo, al vil dinero, a lo que conseguimos en lo material, pero ¿En lo espiritual? ¿En los sentimientos? ¿Conseguimos algo este año? ¿Ganamos o perdimos? Date un tiempo para analizar y piensa.
Particularmente, este año fue un remolino. Viví tantas cosas increíbles como malas. Términos medios no hubo. O sea, creo que en mi vida los términos medios no existen. Soy un tipo que tiene muy desarrollado ambos hemisferios, uno racional y otro pasional, por ende, las medias tintas, conmigo no van, nunca. Por eso, es que mis años siempre tienen “de dulce y de grasa” (como me dijo una señora alguna vez). Muchos cambios, muchos vaivenes. A veces quisiera que fuera diferente, pero cuando hago este tipo de balances a fin de año, saco siempre más cosas positivas que negativas. Así, mis prioridades para el próximo, van en estricta relación con lo que hice mal, hice bien, y en base a eso, sueño, anhelo, creo. ¿Estoy muy zen? ¿Muy latero? Si. Vamos a la acción.
Si hablamos de orgasmos, creo que este año experimenté los mejores de mi vida (¿No querían acción?). No sé si fui yo y mi madurez, si fue un otro, mi disposición, su entrega, no sé. Lo cierto es que en materia sexual lo pasé bien. Muy bien. Hay cierta etapa de la vida en donde ya no importa tanto el cuerpo y lo físico, por ejemplo, pero sí el goce. Hacer sentir bien al otro y descubrir cosas, creo que fueron mis consignas sexuales de este año. Puedo decir que me dieron, pero también di (Que no se malentienda esta frase, por favor). Me refiero a que me dejé llevar por el placer. Una mujer me enseñó eso. Le estaré eternamente agradecido de eso. ¿Qué es la vida sin placer? Muchas veces, por diferentes circunstancias, hacemos el amor por cumplir, por satisfacer de manera obligatoria a alguien. Bueno, este año, salí de esa zona de confort y me dediqué a disfrutar y a hacer disfrutar al otro. Probé cosas nuevas, sensaciones power y a fin de cuentas eso sumó. ¿Tú? ¿Puedes decir lo mismo? ¿O tuviste las mismas relaciones sexuales que vienes teniendo hace años? ¿Ves? No es malo hacer balances.
Entendí que el placer también es entregarlo, no sólo recibirlo. Es más, descubrí algunas zonas erógenas nuevas, tanto mías como suyas. Eso, de paso, fue un descubrimiento para la otra persona también. O sea, puro placer del bueno. ¿Cuántos pueden decir que descubrieron zonas nuevas en su cuerpo o en el cuerpo de otro? Haz tu recuento. Te sorprenderá. Y si estás en pareja, háganlo juntos. Eso sí será enriquecedor.
Ahora, lo bueno que tuve en la cama, fuera de esta se desinfló. Claro, no se puede tener todo en la vida, dicen. Fue así, como mis relaciones emocionales-personales, tuvieron demasiados contrastes. Amor y odio. Dicha y pena. Risa y llanto. Todo en 12 meses de contrastes. Eso, como dije, por un lado es bueno, porque la “gente planta” no me gusta, pero ¿tanto? No se lo doy a nadie. En un año conocí a alguien, conviví, viajé, me separé, peleé, reí, lloré, viví momentos mágicos y estuve en un hoyo. Tú dirás, “pero eso es normal”, si, es normal, pero con la intensidad que lo viví yo, no sé. Por lo general, siento que las parejas viven su vida más plana, más “normal”, sin tanto sobresalto. Porque como dije, estamos preocupados de otras cosas y el amor, la cama, los sentimientos, quedan de lado, por ende, los vivimos como una rutina, como algo que no moleste mucho para que no entorpezca las otras cosas que “si importan”. Bueno, yo no soy de esos, está claro. Soy de los que vive a concho cada una de mis situaciones, y eso, amigos, me pasa la cuenta. Porque amo con locura, pero puedo ser un hielo a ratos. El único balance que podría hacer de todo este ir y venir de situaciones, es que no he madurado algunas cosas. No tengo empacho en decirlo. Hay situaciones (de otros) que me superan o me superaron y que me cuesta mucho racionalizar, por ende, lo paso mal. ¿Te pasa lo mismo?
Debo trabajar mi tolerancia, pero más que eso, mi inteligencia, mi cordura, mi nivel de entrega. Soy de los que piensa que si algo no me gusta, definitivamente no lo tomo. Bueno, en relaciones debiera ser lo mismo. Si no te gusta la forma de ser de alguien, no estés con esa persona, punto. Pero claro, hay otras cosas que entran a jugar en ese juego y terminamos por atrevernos y querer cambiar al otro. Claramente ahí está el error. La gente no cambia, muta ciertos parámetros, pero no cambia. Entonces ¿por qué insistir en algo o alguien, si sabemos que no conseguiremos nada de eso? Por eso dije, me faltó inteligencia para decidir, para saber si ese alguien era la persona indicada. Nunca encontraremos a la persona perfecta, obvio, pero cuando otro tiene cosas que superan tus valores, es mejor no tomar esa opción. Ahora, si ya tomaste la opción, bueno, tienes que hacer que esa persona te entregue otras cosas. Y eso hice este año, nutrirme de lo positivo de las personas, quedarme con lo bueno, y trabajar en lo malo (mío), para así, repito, no caer en eso nuevamente. Es difícil de explicar, pero ojalá se haya entendido. Al final, agradecer a quienes estuvieron ahí por lo bueno que te entregaron y por lo malo que sacaron de ti o que nunca pudiste superar. Simplemente eso. Suena cliché, pero nunca lo había hecho, siempre me quedé con lo malo de un término.
Si tuviera que hacer un resumen corto, diría: año de cambios radicales, de volver a creer en el amor compartido, de muy buen sexo, de muchas peleas, de muchas felicidades, de muchas miradas cómplices y ricas, de muchas inseguridades, de mucha vida de cama (comer, hacer el amor, discutir, dormir, etc.), de volver a creer en quien ya no creía, de compañerismo, de mucho aprendizaje y conocimiento del cuerpo del otro, de mucho mimo, de mucha entrega (a veces mal entendida), de mucho placer rico (motivado por una persona), de tolerancia e intolerancia, de valores importantes y otros caducos, de besos intensos, de decisiones, de dar segundas oportunidades, de mudanzas y otros…
Todo balance tiene una lista de prioridades para el próximo año. Claro, si analizamos lo que hicimos y dejamos de hacer, siempre es bueno proyectarse en base a las experiencias. O sea, definir lo que uno quiere y no quiere en su vida. Haz tu lista. Yo, la hago todos los años, y al final, pongo visto bueno a lo que logré y lo que me faltó. Esto, en materia laboral, personal, pero también sentimental, sexual, amatoria. ¿Qué quieres para el año que viene? ¿Quieres más de lo mismo? ¿Quieres nuevas cosas? Y básicamente, qué es lo que NO quieres nuevamente que suceda. Trabaja en tu lista. Yo ya estoy haciendo la mía. Que se cumpla la mitad, ya es positivo.
Espero que cierres bien el año y que se cumplan todos tus deseos de cama. Y como dijo mi abuelo alguna vez, “que el que viene, no sea peor que el anterior”, ya con eso, será bueno.
_MG_1498Sebastián Norambuena
@sebastiannora
Periodista y Columnista
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