“Cada sexo que tengas, que tenga sentido”, por Sebastián Norambuena

Domingo, atardecer, tranquilidad, haciendo mi rutina deportiva de siempre. Troto hace ya 10 años, y el deporte, aunque suene repetitivo y majadero, es un escape, una salida, un bálsamo a la rutina, a la pareja, a lo bueno, lo malo y lo feo. Esa soledad de estar inmerso en tu respiración, hace que te conectes. Si no lo ha hecho, hágalo, se acordará de mí. Es más, trotando a buen ritmo, eres capaz de sentir un orgasmo… créalo o no, es mucha la endorfina que recorre el cuerpo.
Bueno, ya llevaba un par de kilómetros avanzados, ya la transpiración hacía lo suyo, la temperatura corporal fluía y las pulsaciones galopaban, cuando en mis orejas suena una canción: “Red, red wine”, de UB40. Acá un video para que se acuerden.

Bueno, imagínense esta misma canción, cantada por un grupo local, en un bar local, en plena Jamaica. Atardecer, tragos, gente disfrutando, un sueño… (La escucho mientras escribo). Esta escena sucedió realmente. Fue un viaje que hice hace no mucho con una polola. La foto, es el atardecer de ese día. Juzgue usted.
Mientras trotaba y escuchaba la canción, fue imposible abstraerse de ese momento, de ese recuerdo, de ese lugar. Soy de los que atesoran momentos como fotografías en la cabeza, y esa situación en particular (banda, tragos, lugar mágico), es de las situaciones que busco intencionalmente. A ver, cómo lo explico para que se entienda. Muchos viajan para conocer, para explorar, para tomar sol, para conocer gente, qué se yo. En mi caso, siempre estoy buscando algún bar de mala muerte, que toquen música local, y que me entregue algún momento mágico. Bailar apretado, con un vaso en la mano, medios transpirados por el momento, y olvidarse del mundo en una mirada. Puede sonar raro para algunos, pero para mí es lo más normal, después, como hoy trotando, son esos momentos los que me quedan.
Bueno, eso que busco, se ha dado en un par de viajes, y se dio esta vez, porque no siempre se da, ojo. Pero esta vez sí, y, no sé por qué razón, no estaba (estábamos) conectados y como que pasó inadvertido. Como que fue una situación más. Como si todos los días de la vida viajaras a ese lugar, escucharas esa canción, tuvieras ese ambiente… resumen, fue un momento que siempre esperé, pero que, repito, no sé por qué, desaproveché de sobremanera. Y acá, trotando, cuando suena esa canción, cuando el atardecer flota, lo recuerdo con nostalgia. Con la sensación de que pudo ser mejor, de que pudo ser espectacular, pero por estupideces, por estar pendiente del viaje, de la selfie, del itinerario, de las típicas cosas de los viajes, fue uno más de los momentos sucedidos.
Paré mi trote abruptamente y comencé a escuchar la canción. Caminé un par de metros y volví a la escena, queriendo disfrutarla nuevamente, sintiendo olores, sensaciones, el ruido de la gente, su voz, nuestro momento, el baile juntos, todo…. queriendo remediar, mentalmente, algo que ya era imposible. No hablo de la relación, hablo del momento. Cuántos momentos nos perdemos por tener la cabeza en otro lado. Cuántos momentos pasan inadvertidos, que después son puñales de nostalgia y que ya, obvio, jamás volverás a vivir. Fue una situación muy especial la que sentí ese día. Y así, comencé a recordar otros momentos, con otras personas, en otros viajes, en otras situaciones, y volví a repasarlos, a sentir, tratando de volver a estar ahí, con quien estuve, y vivirlo nuevamente. Tanta fue mi conexión, que pedí perdón, al universo, por esos pasajes de mi vida que desaproveché. Queriendo liberarme de esa seudo-culpa que llevaba a cuestas. Eso de decir “pude hacer sido mejor”, “pude haberlo hecho mejor”, “pude haber disfrutado más”. Claro está que uno crea realidades en base a lo vivido, y como algunos eran más antiguos, ya no tenían la misma sensación. Pero, en mi exaltación propia del deporte, traté de conectarme lo más posible con esas cosas buenas que dejé, que hice, que no hice del todo bien, que viví.
Los invito a hacer el ejercicio. Vuelvan a ese viaje, a ese lugar, a esa comida, a esa cama, y repasen cómo fue. Si hicieron lo que debían, si dijeron lo que debían, si sintieron, si lo vivieron a concho. Se sorprenderán. Porque uno cree que fue espectacular, pero si repasas bien, te enterarás de que siempre pudiste hacer algo más, algo mejor, vivirlo de mejor manera. Suena obvio, pero hacer el ejercicio sana.
Y acá mi reflexión.
La vida, es un cúmulo de momentos, experiencias, casualidades, situaciones, que, si nos pilla distraídos, dejaremos pasar por estúpidos. Todo, pero todo, tiene algo especial, que, con el tiempo, recordarás y será más especial y será parte de ti, de tu esencia, de tu alma. Lo que hicimos o no, con quien estuvimos, pasará, obvio, pero lo que está por pasar es lo importante. Quiero decir que, si viene otra situación como esta, no hay que desperdiciarla.
Cada momento que vivas ahora, cada sexo que tengas, cada beso que des, cada mirada que regales, cada mano que toques, cada olor que sientas, cada respiración que te llegue, que sea por algo, que tenga sentido. Tirar por tirar, viajar por viajar, estar con alguien por estar, son acciones sin vida, sin alma. Incluso si dijiste cosas de más, si no dijiste lo que tenías que decir, es tiempo, siempre es tiempo de repararlo, sea internamente o con el otro. La vida, amigos míos, es muy corta para que pase sin pena ni gloria por nosotros.
Dicen que “de los arrepentidos será el reino…”, dicen… hoy, es momento de que todo lo que venga tenga algún sentido… pa’ adelante!

_MG_1498Sebastián Norambuena.

Periodista

@sebastiannora

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *