¿Cómo “prevenimos” el abuso sexual infantil?: Frases que no alcanzan su objetivo

¿Cómo “prevenimos” el abuso sexual infantil?: Frases que no alcanzan su objetivo

Hace unos días, en conversaciones con una amiga, ésta me consultó con respecto a lo que se les dice a los niños y niñas para “protegerlos” del abuso sexual. Eso me hizo pensar sobre las cosas que incluso a mí me indicaban que “no debía hacer” y cuyo objetivo, me imagino, era protegerme de algún desconocido que pudiera querer realizar algún acto abusivo.

En general siempre se tiende a pensar que las agresiones sexuales se realizan por parte de desconocidos, pero como he explicitado con anterioridad, cerca del 80% de las denuncias realizadas son por abusos intrafamiliares, por ello decirles a los niños que “no le aceptes dulces a desconocidos” no es suficiente.

Otras frases típicas que todos pudimos escuchar fueron: “no dejes que nadie toque tus partes privadas” (me pregunto si a todos les explicaron cuáles eran esas partes), “no hables con extraños” o “no recibas cosas de nadie que no conozcas”. Sin embargo, la efectividad de estas frases creo que es mínima, principalmente porque apuntan a un tipo de abuso que es muy poco usual en niños y niñas pequeños y porque además estamos poniendo la responsabilidad del cuidado en ellos.

Pensar que estas frases pueden “prevenir” el abuso es complejo, particularmente porque estamos poniendo la carga de la “prevención” en el niño o niña, siendo que frente a un adulto con poder un niño o niña no puede hacerle frente. Por ello, llegué a la conclusión de que podemos enseñarle algunas cosas que pueden ayudar a los niños y niñas a problematizar una situación como abusiva y de aquella manera solicitar a algún adulto el apoyo necesario para su protección.

Una de las cosas que considero importante de poder transmitir a los niños y niñas, es hacerlos conscientes de su cuerpo. En el día a día recibimos una serie de estímulos que nos generan diversas sensaciones corporales, sensaciones agradables y desagradables y ser consciente de ello puede permitir que nos alejemos de alguna situación que nos parece incómoda o que nos quedemos en un sitio o con algunas personas si nos sentimos tranquilos.

Esta diversidad de sensaciones en el cuerpo pueden ser explicadas en un inicio a los niños y niñas mediante actividades de juego como lo son el reconocimiento de texturas (tocar diferentes texturas y expresar qué sentimos en relación a ellas), esto permite que sea más fácil extrapolar la información a las situaciones y personas. Desde el sentido común uno puede pensar que esto es algo obvio, pero la realidad actual no facilita la conexión cuerpo-emociones sino por el contrario la desconexión de ambas.

Por ello es tan relevante que los niños y niñas puedan identificar en su cuerpo si el toque de una persona es agradable o desagradable y que si esto último es el caso, que puedan alejarse y/o solicitar ayuda a algún adulto que los apoye y oriente en torno a lo que él o ella siente.

Otro aspecto importante de transmitirle a los niños y niñas es que ellos tienen derecho a elegir a quién dejan ingresar a su espacio personal. El espacio personal parte en nuestra piel que es nuestro primer límite con el mundo exterior y se extiende por aproximadamente un metro, en general los adultos elegimos a quien dejamos estar en este espacio, a quienes nos pueden abrazar, acariciar y mantenerse a nuestro lado, pero esto es porque somos consciente que podemos hacerlo.

En el caso de los niños y niñas, no siempre saben si pueden elegir o no y tampoco son tan conscientes de que tienen ese espacio particularmente. En sesión esto se trabaja, por ejemplo, armando un círculo a su alrededor con lana, ellos se quedan en el centro del círculo y se les va pidiendo que evalúen a quienes dejarían estar dentro y a quienes no, en caso de que sea posible se le agrega a aquello que puedan percibir que sensaciones les genera corporalmente el que alguien externo a sus vínculos más cercanos se quede muy cerca traspasando su límite.

Sumado a lo anterior, el permitir que los niños y niñas le digan que NO a un adulto es un límite verbal que puede ayudar frente a alguna persona que quiera utilizar el poder que entrega el adultocentrismo para agredir a un niño o niña. En general los adultos nos asustamos mucho de que los niños puedan “controlarnos” sólo porque nos dicen que no, pero ciertamente, que sientan la tranquilidad de que pueden expresarse y decir que algo no les parece, no les gusta o no quieren hacerlo, nos permite entregarle a ese niño el mensaje de que si otro adulto hace algo que les incomoda o los asusta, pueden oponerse y buscar ayuda en un tercero significativo.

Pensemos en los adultos, cuando te hacen una pregunta y tú dices no, cuál es la reacción del otro?, en general aparece la pregunta “y por qué no?”, existe una gran dificultad para tolerar que otras personas digan que no, como si eso tuviera que ver con uno directamente.

En el caso de los niños es más difícil aún pues se supone que es una falta de respeto contradecir al adulto, han escuchado esa frase de “al adulto no le puedes decir que no”?, bueno, en las situaciones de agresión sexual esa frase también se vuelve real.  Recuerdo una adolescente que en una sesión, de forma espontánea, me comentó que las agresiones vividas por parte de su padrino las toleró porque a ella la habían enseñado a ser respetuosa con los adultos y al preguntarle qué significaba eso para ella me dijo “no podía decirle que no, siempre me enseñaron a que tenía que respetarlos, a los adultos en general… decir que no es una falta de respeto, independiente de que yo no quisiera lo que me hacía”.

Ello se transformó en un peso posteriormente, pues tenía una lucha interna por poder oponerse y no faltar el respeto, se sentía responsable porque al final por un lado o por otro, ella nunca verbalizó el “no quiero”.

Recordemos que las agresiones sexuales o los abusos en general tienen como una de sus bases principales las diferencias de poder, las cuales llevan a que uno tenga una “superioridad” otorgada por lo social o por lo familiar que siempre deja en desventaja a uno de los involucrados.

La lógica de estas ideas es que permitan a los niños y niñas a generar herramientas de autocuidado, es decir, que si se presenta alguna situación ellos puedan decirlo, verbalizarlo, expresarlo a una figura que consideren de protección y contención sin el temor de que puedan regañarlos, criticarlos o acusarlos. Por el contrario, las frases que muchos escuchamos en nuestra infancia sólo estaban dirigidas a ejecutar acciones sólo porque así debía ser, sin considerar las particularidades de la infancia y de que una agresión sexual va más allá de presentar dulces para engañar a niños y niñas.

Psi. Karla Donoso

 

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