Cómo renovar la posición del Misionero

Cómo renovar la posición del Misionero

posición misionero

Nacida cuando se colonizó el continente y se les enseñó a los indígenas que ésta era la única forma religiosamente aceptada, esta postura es la más practicada por las parejas en el mundo. Por lo mismo, es catalogada como rutinaria en la era actual. Sin embargo, existen muchas variantes de esta posición que le entregarán más chispa al encuentro sexual y harán de él un momento inolvidable.

Durante siglos, ésta fue la única posición que las mujeres pudieron disfrutar, ya que entregaba mucho placer especialmente a los hombres y los dejaba como dominadores del acto sexual. Pero, ¿desde cuándo se empezó a conocer? “Luego de que James Cook conquistara Samoa, llegaron los misioneros anglicanos a las islas y, con horror, verificaron que los nativos no asociaban el coito con la reproducción, ya que esta última era atribuida al espíritu totémico. Así disfrutaban libremente del sexo; por otro lado, vieron que la posición más usada era la de la mujer arriba o en cuclillas. Entonces intentaron enseñarles las virtudes del coito “natural” que era el del varón arriba y con finalidad meramente reproductiva: esos nativos, irónicamente, llamaron a ese modo coital “la posición del misionero””, explica el sexólogo argentino Adrián Sapetti en su revista SexoVida. Así,desde aquella época se comenzó a creer que la posición del misionero era la única natural, y junto a eso se propagó la idea de que más la cantidad era mejor que la calidad. Asimismo, las variantes sexuales se anularon y se aceptaron sólo aquellas que permitían ver al hombre como dominador de la situación. Sobre lo anterior, el especialista Ezequiel López Peralta señala que en la actualidad la visión del sexo es diferente: “Parece que socialmente se concibe al sexo bueno como aquel en el cual las personas tienen un encuentro con posturas bien diferentes y creativas, casi acrobáticas. No estoy muy de acuerdo con esa idea porque limita el placer sexual a la penetración, lo que realmente es muy parcial y no permite el desarrollo de otras habilidades eróticas”.

¿Cómo se hace y hacerla mejor?

La postura del misionero es cuando el hombre se tumba entre las piernas de la mujer y lleva el control del ritmo y del acto en sí. Claro que ésta tiene variantes, las que te pasamos a explicar a continuación:

1.- Una idea es que pongan varios cojines bajo las nalgas de la mujer, lo que permitirá que la penetración sea mucho más profunda, ya que cambia el ángulo de inclinación de la vagina y, por ende, el disfrute tanto de la mujer como del hombre es mucho mayor.

2.- Otra variante muy interesante, sobre todo para las mujeres, es en la misma posición, pero sólo con una penetración superficial, es decir, el glande y un poco más, para luego desplazar suavemente el cuerpo del hombre hacia delante, por encima de la cabeza de la mujer, para que el pene se curve hacia arriba y el pubis del hombre logre frotar el clítoris de la mujer, produciendo placer y agrado.

3.- Una tercera posibilidad es que la mujer ponga una pierna alrededor de la espalda de su compañero, pudiendo presionar así su punto G con mayor facilidad. De esta manera, la fémina tiene la posibilidad de llevar el ritmo y el balanceo.

4.- El especialista en sexología, Ezequiel López, también propone un cambio en la posición del misionero: “La mujer puede dejar sus piernas bien estiradas o recogerlas bien hacia atrás (ubicándolos sobre los hombros de su compañero) para permitir una penetración bien profunda. El varón puede ubicarse exactamente encima de ella en la misma línea o mover su cuerpo en bloque dejándolo casi oblicuo”.

5.- También es interesante cuando la mujer se sienta en el borde de la cama, se recuesta hacia atrás y el hombre arrodillado en el piso y posicionado entre sus piernas la penetra logrando ambos una sensación de mucho placer. “Es interesante variar los ritmos (más lento o más rápido), hacer movimientos rectos o en círculo, penetraciones más profundas o más cortas (por ejemplo introduciendo y sacando solamente el glande que estimula así notablemente la entrada de la vagina, zona más sensible de la mujer)”, aconseja López Peralta.

Beneficios del misionero

Ahora, si bien la posición del misionero se ha catalogado como rutinaria, tiene varios aspectos que la hacen una buena postura sexual. Estas características son:

  • Es cómoda para ambos y muy natural.
  • Tiene amplio campo de acción, es decir, le entrega libertad al hombre para moverse con comodidad.
  • Permite que la pareja se mire a los ojos y vea la reacción del otro, lo que erotiza el encuentro.
  • Permite que la mujer mueva las piernas a su gusto, buscando distintos ángulos de penetración.
  • La pareja puede besarse apasionadamente y tienen la posibilidad de acariciarse sin problemas.
  • Es una buena posición para aquellos hombres que tienen retardo orgásmico.

¿Cuándo no practicarla?

El sexólogo Ezequiel López es enfático al señalar que la postura del misionero no es una de las mejores para aquellas parejas en la que el hombre tiene problemas de eyaculación precoz o que desea durar por más tiempo. “Esta postura suele llevar al varón a una carrera hacia el orgasmo, por ende no es recomendable para un buen control eyaculatorio y sí lo es para los que tienen retardo orgásmico. Por el lado de la mujer suele ser excitante visualmente y por el hecho de sentir el dominio y virilidad de su compañero, pero no facilita el roce con el clítoris que es fundamental para aquellas que pueden tener orgasmo en coito. En ese sentido son más estimulantes las posturas inversas, ubicándose ella encima”, concluye el especialista.

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