Relatos Eróticos

“Despedida”, por Dafne #concurso #turelatoerotico

Habían decidido que sería la última vez, sabían que sería un encuentro intenso, no necesitaban decirlo, ambos conocían lo potente de sus cogidas, amenizadas aún más por el sabor de lo clandestino, lo oculto.
Se entregaron a sus deseos, se abandonaron al más puro y desinhibido placer de todas las formas que gozaban. Llevaban un par de horas entregados totalmente al sexo sucio, rudo, caliente, frenético y sabían que sus cuerpos extenuados buscarían el final, ese final delicioso que siempre conseguían aún sin proponérselo.
Ella estaba de espaldas tendida sobre la cama, con las piernas juntas, sostenidas en esa posición firme por los gruesos muslos de su amante que yacía sobre ella, agitado, sudoroso, extasiado, con su verga dura, penetrando hasta lo más profundo su vagina apretada, tensa, todo ello a propósito para tener mayor roce, mayor placer, para sentir al máximo ese pene delicioso y caliente que la clavaba y rozaba su erecto e hinchado clítoris poniéndola más caliente, haciéndola mojarse cada vez más. Ella ayudaba aferrándose fuertemente con los brazos alrededor de su torso, mirándolo intensamente con ganas, gimiendo, buscando su boca, besándolo con pasión, a lo que él respondía con ansias, haciendo maravillas con su lengua en la boca de esa mujer deseosa, caliente.
Súbitamente comenzó a morder sus pezones, con la rudeza que ella disfrutaba, a acariciar su cuerpo mientras la volteaba lentamente, sin dejar de penetrarla hasta dejarla boca abajo sobre la cama, provocando aún más placer para ambos; ella sabía lo que venía y comenzó a respirar agitada, ansiosa, sintió como se mojaba aún más. El se irguió, y la tomó firmemente por lesas anchas caderas que tanto le gustaban, y mientras clavaba con fuerza su pene en esa caliente y jugosa vagina elevó su cintura y empezó a penetrarla por detrás con sus dedos, preparando el camino para darle lo que ella más gozaba. Sintió como se entregaba casi automáticamente, se abría a sus estímulos, y como ella se excitaba tanto que chorreaba ese jugo caliente abundantemente por la entrepierna de ambos, supo que era el momento exacto e introdujo lenta pero firmemente su glande hinchado, húmedo, caliente, deseoso de penetrar ese culo grande y dispuesto para el gozo mutuo. Ella sintió la embestida y gruñó de placer y deseo de ser penetrada, de sentir su verga dentro, haciéndola gozar. Fue cosa de segundos para que entrara y la llenara por completo, clavando una y otra vez sin resistencia. La calentura alcanzó su máxima expresión, los llenó el instinto salvaje por gozarse, el placer
era potente, delicioso, exquisito, le encantaba estar dentro de ese culo; ella gemía, gruñía, un par de veces gritó de placer, sentía que quedaba sin aliento, y se entregaba por completo. Sintieron que se aproximaba el inminente final, y él, conociéndola bien se acostó sobre ella, abrió al máximo sus piernas y las mantuvo así poniendo las suyas por dentro para entrar hasta lo más profundo en ese culo gordo y delicioso, ambos sentían como sus bolas casi penetraban su vagina; ella le ayudaba moviendo sus caderas en círculos, elevando levemente la cola para aumentar la profundidad, él mordía y besaba su espalda, su cuello, los brazos de ambos extendidos sobre la cabeza de ella, los dedos entrelazados casi esperando fusionarse mientras la penetraba cada vez más profunda e intensamente. Ella giró su cabeza hacia atrás, se miraron ansiosos, él enrolló su pelo en la mano derecha con rudeza pero delicadamente, ella abrió su boca, él escupió dentro y enseguida la besó ardientemente, provocando en ella un gemido profundo, agudo y sintió como ella empezó a acabar, sentía las contracciones de todo su cuerpo, como se mojaba en un chorro intenso corriendo por sus piernas, mojando las sábanas, como quedaba sin aliento por unos segundos. Dejó su verga dentro, inmóvil mientras con su pulgar acariciaba su clítoris para aumentar el gozo, y su lengua lamía lentamente su espalda; cuando sintió que se recuperaba le susurró al oído – te gusta eso putita rica, quieres que llene tu culo – ella respondió con un casi imperceptible si, era tanto su éxtasis que no podía hablar, él sabía perfectamente que para ambos esa frase era un catalizador. Le dijo – entonces pídemelo – y ella respondió – mi culo es tuyo, quiero que lo llenes ahora –, sólo fue cosa de segundos para sentir como el cuerpo de su compañero se disponía a acabar, sintió que su semen, esa leche caliente, deliciosa, gozosa, la llenaba por completo y él alcanzaba un placer maravilloso, su verga dura, tensa, muy caliente, que se sentía cada vez más hinchada, aumentando al máximo el roce, logrando que ella acabara nuevamente casi al unísono con su amante. Sintió los espasmódicos movimientos de él, sus gemidos, el estertor final y como ese fluido corría por dentro y por sus piernas. El cayó rendido sobre su espalda, respiró profundamente, y se quedó allí un par de minutos, mientras recuperaba el aliento. Se recostaron, uno al lado del otro, se abrazaron, se besaron dulcemente y durmieron un rato hasta recuperar las fuerzas, la rutina de siempre, ducharse, una ligera conversación llena de humor negro, fueron a comer algo y luego cada uno volvió a sus vidas, había sido una memorable despedida.

@KarenUribarri Karen Uribarri, sexblogger, periodista especializada en sexualidad, además de columnista y videobloguera con presencia en importantes medios de comunicación de Chile.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *