El cuerpo perdió valor

El cuerpo perdió valor

“Una señorita no hace pasar al pololo a su pieza. Así que lo recibe en el living”, dictaban las madres de antaño (y algunas de hoy en día). Y una se instalaba en el living a ver la película pero tapada hasta arriba con la frazada en pleno diciembre… “Ay mamá”… una pensaba.

Y es que el tema de la virginidad era tema y te metieron en la sique a la fuerza, que si no llegabas virgen nadie se casaría contigo y todos te apuntarían para tildarte de cualquiera. Y aunque en la práctica nunca fue así, el discurso añejo no servía de nada para inculcarnos lo que realmente era importante: el cuidado de nuestro propio cuerpo.

Nuestro cuerpo, usado normalmente como moneda de cambio, lo entregamos por soledad, por amor, por caricias, por atención… pero rara vez porque realmente sintamos conscientemente que debemos hacerlo. Por lo mismo,  en los últimos años, el sexo anal ha aumentado enormemente en los jóvenes que para llegar ‘vírgenes’, buscan alternativas. Entonces, creo que más importante que se ha perdido el valor de la virginidad, es más grave que se ha perdido el respeto por el cuerpo y por decidir sobre él con conciencia, sobre quién puede tocarlo y quién no.

No se trata de plantear un discurso moralista o anticuado, porque la verdad es que creo que la virginidad no decidirá tu futuro con los hombres. El punto realmente NO es si eres virgen o no. Tampoco lo veo como un ‘regalo’ para el hombre de tu vida. Nunca me gusto el aura que le pintaban a algo que tiene que ver con una misma y que terminaba por ser un ‘premio’ para otro. Sino que si vas a perder tu virginidad sea porque fue tu decisión, no como resultado de múltiples presiones por parte de él, las que llegan incluso a chantajes emocionales sobre términos de relación y engaños. Y que elijas bien. Alguien que respete tus límites, que quiera pasarlo bien contigo, que te trate con afecto.

Y ese respeto por el cuerpo también tiene que ser aplicado cuando ya has iniciado tu vida sexual. Porque siempre hay una primera vez con alguien y esa primera vez debe pasar por tu decisión clara y en conciencia y con la que te sientas cómoda. Lo mismo si él te pide prácticas con las que no estás segura de encajar. No caer en aceptar por moda, por carencias, por temores a pérdidas…

Recuerdo a una amiga que cedió ante la insistencia de su pareja a tener sexo oral hasta terminar. Ella no quería por nada del mundo, pero él le insistió en que era su fantasía, que si lo amaba tenía que complacerlo, que era su sueño, que no le pasaría nada, etc. Finalmente igual terminaron, porque ella lo hizo a contrapelo y en el minuto le dio tanto asco que vomitó en la cama. Él, ofendido la insultó a más no poder y la trató de frígida y un montón de calificativos negativos machistas. Resultado: se quedó igual sin el novio pero además con la tranca y la vergüenza por haber hecho algo que no quería.

Lo mismo le pasó a la Isidora, que hizo un trío con su reciente marido, porque era su sueño, porque él se lo pedía y bla bla bla y ahora están en crisis porque ella no puede sacarse de la cabeza la imagen de él con otra.

Es como habitual que las mujeres hacemos cosas en nombre del amor que realmente no queremos hacer. Le tenemos tanto miedo al abandono, a que nos cambien, a que nos engañen, que finalmente trasgredimos nuestros propios límites y los adaptamos a la conveniencia del otro de turno. Pero ‘después de’, nos sentimos como el ajo, porque justamente no queríamos hacerlo y lo hicimos para que él fuera feliz. Error.

Tu cuerpo es tuyo y dale el respeto que merece. Que nadie entre ahí si realmente no estás 100% segura de que allí lo quieres. Y si no quieres y él se va, pues entonces tu sexto sentido tenía razón, él no debía entrar.

 

 

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