“Esclava de una curiosidad”, por Azaleia #concurso #turelatoerotico

……se enamoró de otro hombre, un vecino que la halagaba constantemente, le decía lo linda que era y le robaba una sonrisa cada vez que lo veía. Ella empezó a cantar, a reír, a escribir poemas, eran cuatro días de ilusión, los otros cuatro días era de pena, extrañarlo y espiarlo de reojo para que su marido no notara como se sonrojaban sus mejillas cuando el pasaba por su calle.

Un día pasó él por fuera de su casa, ella lo presentía, algo le decía que ese día estarían juntos, ya no podían ocultar más el deseo de tenerse, probarse, quererse. Su marido había sido su único hombre, la curiosidad ya había entrado en su mente, sólo era cuestión de tiempo, y éste , ya había llegado…

Se vieron en su casa, acogedora, sencilla El era soltero, sin hijos, por lo que su hogar era muy masculino, pero no por eso de mal gusto. Ella pidió un vaso de agua,  rozó sus manos por primera vez, él se acercó a su boca y la besó. Sus labios estaban probando a otra persona por primera vez, otro aliento llenaba su aire, otro aroma envolvía su piel……

De pronto sus ropas estorbaban, estaban desnudos frente a frente, el embelesado con el aroma de su piel, ella asustada de sentir a otro hombre en su cuerpo. La besó suavemente por el cuello, tomó sus jóvenes pechos, los acarició lentamente, los besó, succionó sus pezones, salió un pequeño grito de placer. Para ella era una eternidad, su piel erizada entre miedo y deseo, sólo quería ser poseída ya por ese hombre que la estaba haciendo experimentar sus primeros gemidos……

Le tomó la mano y la llevo a la cama, la acostó y la beso efusivamente, ella lo abrazo, rodeó con sus piernas su cintura, ya la humedad de su sexo indicaba -o más bien pedía a gritos- ser penetrada, quería sentirlo, un grito ahogado por la lengua de su amante, le indicaba que no había vuelta atrás, ya era tarde, ella se había convertido en una infiel. Él en cada embestida la hacía sentir poderosa, una diosa, una mujer. Le rogaba que no saliera de ella, que siguiera amándola así, él tenia otros planes, quería sentir su sabor, llegar hasta su humedad, ella jamás había experimentado algo así, se había casado muy niña y su marido era mayor que ella por 3 años, por lo que mucho de sexo no sabían.

El bajo a su entrepierna, abrió delicadamente sus muslos, ella aún apretaba las piernas, los nervios, la vergüenza de que viera su vagina y de querer meter su lengua en ella la tenían petrificada, pero basto un beso, un suave y delicado beso en su pubis,y el relajo llegó, ella se entregó cien por ciento al momento de sentir la tibieza de su lengua bajar por aquella fruta jugosa, rosada, exuberante. Fue increíble, gemía, se retorcía en la cama, sus manos tomaban sus nalgas y las levantaban para tenerla a la altura de su boca, todo acabo en un grito de placer que le salió desde las entrañas, su corazón ufff a mil por hora, sus mejillas rojas y sus labios fríos indicaban que por primera vez había experimentado un orgasmo.

Se miraron, él entendió todo. Su cara de macho que había obtenido un trofeo lo decía todo. Ahora eres mía, sólo mía, sólo conmigo sentirás estos deseos, estas ganas, sólo conmigo tu sexo se hará agua y sólo a mi me extrañará tu sexo….

La volvió a penetrar, la hizo suya nuevamente, acariciaba su negro pelo mientras entraba una y otra vez, la beso profundamente y en un movimiento de sus caderas, él no aguantó y estalló, llenó de su semen tibio todo su interior. Agotado se tumbó sobre ella y una gota de sudor cayó en su boca, la cual saboreó como un sediento en el desierto.

Vio la hora y tenia que marchar, buscó su ropa, no tenia tiempo de ducharse, se vistió rápido, lo besó y salió rauda a su casa. Estaba sola, por lo tanto nadie notaría que se había ausentado tanto tiempo. Pero el miedo y la conciencia le jugaban una mala pasada, sentimientos encontrados. Por un lado feliz de haber estado con el hombre que la ilusionaba, por otra siendo infiel, en su caminar una sonrisa la acompañaba, la humedad de su entrepierna le recordaba los momentos vividos, su aroma aún lo sentía en su piel…..

Una ducha tibia le ayudo a sacar el perfume del hombre que la había sentenciado, cuando toco su vagina encontró restos de fluidos que habían bajado de a poco, jugo con ellos mientras el agua bajaba por su espalda, se toco una y otra vez, frotaba contra su clítoris esos jugos deliciosos que él había dejado en ella, y de nuevo esa sensación de calor y agua, nuevamente un grito de placer salió de su boca, él tenía razón, siempre sería suya…..

Pasaron los días, se acabó el turno de su marido en la mina, a su amante no lo había visto. Ella pensó que él sólo quería ese momento, se desilusionó, lo odió, pero en el fondo de su corazón quería verlo de nuevo.

Se resignó a tener que ser esposa, esperar a su marido con la mejor de sus sonrisas, pero tratando de no dejar en evidencia que en ella los sentimientos habían cambiado. Preparó una rica cena, se puso su mejor vestido y se maquilló como a su marido le gustaba verla, siempre preocupada de su apariencia. Él llegó tarde una vez más. Había pasado a tomar algo con sus amigos, no tenía hambre, por lo que la comida se enfrió y se fueron a la cama. Intento tocarla, pero ahora ella se daba cuenta lo tosco que era al momento de acariciar, todo fue rápido, ella no alcanzó a llegar a sentir ese calor y agua que su amante le había enseñado a vivir y a sentir. Se levantó, un ducha tibia la ayudó a conciliar el sueño y cuando volvió a la cama él estaba dormido. Miró al cielo, suspiró y se durmió.

Paso el tiempo y volvió a pasar él. Ella a lo lejos sintió un aroma especial, su corazón palpitó a mil. Se asomó a la ventana y lo vio. Él estaba ahí, ella lo miro con rabia y dolor por haberla olvidado tanto tiempo, pero él con una sonrisa la hizo olvidar todo, con la mirada se dijeron todo, ella tomo su cartera y salió tras él, a su casa, a su cama, a su cuerpo… No le pidió explicaciones, estaban demás, nada de lo que dijera devolvería el tiempo, él estaba ahí y era lo único que importaba. Se besaron como si el mundo se acabara, ella recibía su lengua con hambre de deseo, la delicadeza de sus caricias se olvidaron y pasaron directamente a la pasión, ella ya no cerraba las piernas con miedo, se entregaba abierta a recibir su sexo duro en ella. Él bajaba y su lengua hizo maravillas, lamía con tantas ganas, sus jugos corrían por los muslos y él los tomaba con gusto, amaba el sabor de ese néctar, para él era una ambrosía, algo que sólo los dioses pueden tomar….

Ella agarraba su cabello y dirigía su cabeza al punto donde explotaba, su saliva tibia la humedecía aún más, cuando explotó en un orgasmos feroz. Él la tomó, la dio vuelta y se subió en su espalda, tomó sus manos y la penetró firme, sus vellos rozaban la piel, eso la hacia arquearse para que entrara más profundo, él se levanta y toma sus caderas, la hace ponerse de rodillas y tomando su cintura, la toma fuerte, agarrando sus nalgas firmes, apretándolas dejando sus huellas en ellas, sus pezones duros dolían al rozarlos con las sabanas, pero era un dolor rico, que acrecentaban aún más sus ganas. Él estaba dominando a esta mujer, tomó su pelo y en un tirón le dijo, siempre mía, siempre tuyo… Y acabó, una vez más su leche tibia estaba en ella y corría por su sexo rosado, hinchado, palpitante de pasión y a hora lleno de él…..

Se besaron y ella se fue a casa, al sentir cómo por sus muslos bajaban sus jugos, le recordaban el momento vivido, una ducha y de nuevo el ritual, ese néctar era mágico, la hacia sentir única. Ahora si ella era sólo de el, había descubierto que su marido tenía a una amante, no hubo rabia ni dolor, fue un alivio, al fin sería libre para estar con él, con ese hombre que la remecía, que la hacia vibrar y sonreír. Se quedó en esa casa, sola, con miedo lejos de todos, pero segura que él volvería, y así fue… Ella lo presentía desde antes, miró por la ventana y si ahí estaba, más bien iba en su auto, pero no solo, alguien lo acompañaba, una mujer. Hasta el momento ella no se había dado cuenta que jamás le pregunto nada, ni su edad, su profesión ni su nombre, el hombre que la hacia feliz y la mantenía ilusionada, era un fantasma, no sabia nada de él, pero él sabia todo de ella, cómo brillaba su piel cuando  la tomaba, el sabor de su sexo, el sonido de sus orgasmos y si, él sabia su nombre pero ella, no.

Por primera vez sintió celos, dolor, rabia, impotencia, él estaba con otra en esa casa donde ella había dejado sus pudores y sus deseos, su aroma estaba en esas sabanas y ahora otra estaba ahí disfrutando su sexo, su lengua, sus besos, caricias y el sabor de su sudor. Buscaba una excusa para acercarse a ellos, pero  tenía miedo de perderlo, todo lo imaginado no aminoraba el hecho de que ella se sintiera suya y que ese hombre era dueño de su piel y por la rabia que sentía, también de su corazón. Cresta, cómo se le ocurre enamorarse y más de alguien del cual ni siquiera sabe su nombre, ufff, se hace inconcebible tal sentimiento, se negó a sentirlo y lloro hasta que amaneció. No se dio cuenta cómo pasó el tiempo, salió a mirar por la ventana, él ya no estaba, lo perdí y se recostó en el sillón. Ya  lo había dado por perdido, resignada a no verlo mas, ya no lo presentía y eso para ella era fantástico, porque significaba que ya no lo amaba, que alivio no, se decía mientras tendía la ropa… Pero de pronto volvió su aroma, se detuvo su corazón por un momento, respiro profundo, y se dijo, no, esta vez no, no será tan fácil, debo ser fuerte, yo no soy suya, ya no es mío… Pero la curiosidad de saber si iba solo o acompañado la obligo a asomarse por la ventana, necesitaba verlo aunque fuera de lejos, quería ver si ella era linda, ver a su rival, y si, era hermosa, una cabellera crespa negra y de un cuerpo escultural, con grandes pechos y caderas sugerentes, iba de vestido entallado y tacones, se notaba mayor, ella con 18 años, flaca como palillo, si bien tenía sus buenas nalgas y sus pechos aún estaban firmes y duros, no se comparaban con los de esa mujer. Se sintió pequeña,  ni siquiera se fijo en él, ella era la razón de su ausencia por lo que bajo la vista y cerro la cortina, un café  la acompaño hasta que vio pasar el auto de vuelta, sonrientes pasaron y se perdieron…….

Caminando por el centro de la ciudad en primavera, con un maravilloso vestido de gasa floreado que se movía al compás de su caminar, su pelo suelto al viento y sus labios rojos, la hacían  dueña del mundo. Al doblar la esquina se encuentra con él, su sonrisa de mujer segura, se transformó en una sonrisa nerviosa, tratando de impedir que se notaran sus nervios de tenerlo frente a frente, levanto la cabeza e intento pasar sin saludarlo, pero él no la dejo, la llamo, “¿Claudia, no me vas a saludar?”, ella se volteo y le dijo, “si supiera su nombre, encantada lo saludo” y siguió su camino, nerviosa tratando de no tropezar en sus propios pasos,  llego al taxi que la dejaría en casa, suspiro y una lágrima bajo por su mejilla, con rabia la limpió y se dijo, no vale la pena… Era tarde y alguien toca la puerta, salió a mirar y no había nadie, sólo una rosa, un perfume y una nota que decía, “lo siento, mi nombre es Eduardo, la rosa roja es por el color de tus labios y el perfume es el aroma que siento en tu piel, cuando eres mía”, un escalofrió recorrió su cuerpo, los recuerdos encadenados volvieron y con más fuerzas, esa noche soñó con él y  todos los momentos juntos.

Una semana después el paso por su calle, iba solo, paso lentamente por su casa, era la señal de querer verla, ella lo supo , tomó su cartera y se fueron juntos a esa morada que ahora tenía otros aromas, pero seguía teniendo su esencia. 

Traía consigo una botella de champagne, dos copas y otra rosa,  bebieron, volvieron las caricias delicadas, había pasión, erotismo y deseo, acarició su espalda, sus pechos, sus pezones duros que al sentir los pétalos de esa flor se erectaban impacientes de ser succionados, el tomo una copa y derramó sobre su vientre algo de licor y bebió, lamió cada gota, ella no daba más deseo, sólo quería sentirlo, volver a sentir su sexo duro y salvaje en ella, pero esta vez él no dominaría la situación. Lo empezó a besar suave, a morder sus labios, bajar por su cuello, llegar hasta el lóbulo de su oreja, pasarle su lengua húmeda y susurrar hoy serás mío, no olvidarás mi nombre, el trago saliva y sólo pudo susurrar si corazón mío, mi Claudia sólo mía, ella callo su boca con un beso y bajo por su pecho, lamió sus pezones, su vientre y tomó su sexo con su boca. Él estaba  sorprendido de verla tan audaz , tan decidida, con la mirada la invitó a lamer su pene duro  y húmedo, ella no deja de mirarlo, sus ojos brillaban  lo besa suave y lo saborea, su boca siente el sabor del deseo, su sexo se endurece aun más. Ella lo succiona, lo muerde, lo disfruta, lame cada espacio de él, juega como gata con su presa, siempre mirando a los ojos a su amante, él intenta detenerla, quiere tenerla, poseerla ya, ella le pide que se siente,  quiere cabalgar, se sienta suavemente sobre ese miembro que se mantiene erguido, se mueve suave, lo disfruta, lo siente, el roce de sus vellos aceleran los movimientos, ella cabalga como amazona dominando un corcel, se mueve rápido, lento, suave, su sexo se adueña de ese falo erguido que la tiene dominada, poseída, él ya no da más, quiere acabar en ella, pero ella se lo impide, se desprende de su sexo y lo introduce en su boca, él no puede creer lo que ella hace, la mira  y acaba en su boca, el sabor dulce  de ese néctar es maravilloso, por sus pechos caen restos de sus jugos, juega con sus pezones mojados de leche, mientras traga todo lo que su hombre le acaba de dar, él sorprendido de tal regalo, la besa, la tumba sobre la alfombra, abre sus piernas y le devora su sexo, lo lame, lo chupa, toma cada gota de sus jugos, su clítoris ardiente y palpitante, se entrega a esa lengua tibia, ella gime, grita desesperada que siga, que no pare, que esta apunto de estallar, en orgasmo largo y profundo, sólo puede gritar su nombre, Eduardo, desmayados caen sobre la alfombra, beben la última copa de champagne, se despiden con un beso largo y apasionado…..Hoy su ritual cambia, no hay ducha, quiere dormir con su aroma, soñar con él, imaginar que la extrañará…

 Por Azaleia

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