Eyaculación precoz: Un drama que se vive en silencio

Eyaculación precoz: Un drama que se vive en silencio

Lo que para algunos puede ser motivo de bromas, para otros resulta ser un problema de magnitud. Y es que en Chile un tercio de los hombres sexualmente activos sufre de eyaculación precoz, convirtiéndose en una de las principales disfunciones sexuales junto con la impotencia. Claro que en este caso, tratándose con una terapia conductual, generalmente tiene una solución importante.

La eyaculación precoz se describe como una condición en la cual el hombre eyacula muy rápido y sin poder controlarlo. Cuando este problema es severo, el hombre eyacula antes de haber sido estimulado su pene directamente o bien cuando la estimulación ha sido mínima. Ahora bien, el hablar de “eyacular muy rápido” puede ser un tanto subjetivo, sin embargo, científicos hablan de una media, que corresponde a dos minutos después de la penetración, aunque siempre existen variaciones. Pero más allá del tiempo, lo importante en este problema es que se produce antes de que ambos partes de la pareja lo deseen, provocando problemas en la relación.

Es importante saber que a la mayoría se los hombres le ocurrirá alguna vez en su vida, sin embargo esto se vuelve un problema preocupante cuando ocurre en gran parte de los encuentros sexuales.

Definiciones científicas

Los conocidos investigadores Masters y Johnson consideran que existe eyaculación precoz cuando la mujer no alcanza el orgasmo en el 50% de los encuentro sexuales, debido a la eyaculación prematura de la pareja. Pero luego de los últimos estudios acerca del orgasmo femenino, esa cifra tan sólo tiene valor histórico, pero no de diagnóstico. Kaplan (1974), por su parte, rechaza una definición cuantitativa del problema, centrándose sólo en su definición, es decir, cuando hay una ausencia de control voluntario sobre el reflejo eyaculador, independientemente de que aparezca o no el orgasmo femenino.

Ahora bien, desde un punto de vista antropológico, la eyaculación precoz se puede valorar tomando en cuenta la importancia que tienen las relaciones sexuales en su vida. Es decir, si un hombre es capaz de mantener a su pareja sexual y procrear, salvaguardando a la vez su relación afectiva de manera satisfactoria, el problema se minimiza, hasta convertirse en no significativo.

Nervios primerizos

Si bien la eyaculación precoz puede aparecer en hombres de cualquier edad, es muy común que suceda en jóvenes. Y la explicación es muy simple, la novedad de la experiencia sexual, una pareja nueva, una situación distinta, hacen que la conducta sexual cambie y muchas veces se salga de control. Entonces, más allá de la edad, el tema tiene que ver con las circunstancias que rodean al individuo. Sus efectos

Los alcances de esta disfunción sexual son tan altos que no sólo afectan al hombre sino que también a la pareja. Es que, además de que los encuentros sexuales son demasiado breves, el hombre puede caer en impotencia sexual secundaria, debido a que está tan preocupado y ansioso por controlar la eyaculación, que no logra relajarse y excitarse adecuadamente, y en consecuencia no logra mantener una erección adecuada para penetrar a su pareja. Para empeorar las cosas, empieza a evitar los juegos preliminares provocando un vacío emocional con su pareja, quien se siente poco estimulada o deseada. Consecuentemente, si es que llega a consumarse el coito, este puede resultar doloroso por la falta de lubricación, provocando tensión en la pareja y alejando la posibilidad de que la mujer logre un orgasmo. En definitiva, un círculo vicioso que conlleva  a distanciar los encuentros sexuales y potenciar la eyaculación precoz.

Causas

No es común que la eyaculación precoz sea producto de trastornos fisiológicos ni físicos (como hipersensibilidad del glande o latencia más acelerada de lo normal), sino que la mayoría de las veces este problema tiene que ver con temas sicológicos. El nerviosismo de las primeras relaciones y las circunstancias en los que generalmente se dan estos encuentros, provocan episodios de eyaculación precoz, los que serán controlados en la medida que el hombre vaya adquiriendo experiencia y seguridad en la materia. Por eso, los principales orígenes del problema para controlar la eyaculación son la ansiedad, el sentimiento de culpa, y el temor a no ser un buen amante. Esto además se ve potenciado si la pareja realiza comentarios negativos al respecto, aunque estos no sean malintencionados. Al respecto, la sicóloga de la Universidad Católica, Katusa Nishihara dice: “La eyaculación precoz es una disfunción fisiológica, ocasionada por factores que pueden ser tanto físicos como sicológicos o combinados; siendo menos frecuentes las causas físicas que las de otra índole. El criterio determinante para establecer si existe eyaculación precoz es la presencia o ausencia del control voluntario por parte del hombre sobre el reflejo eyaculatorio. Algunas de las causas biológicas desencadenantes son ciertas afecciones urogenitales, el uso de determinados fármacos, consumo de sustancias, alteraciones neuronales que interfieren con las vías nerviosas que controlan el reflejo eyaculatorio, etcétera. Las causas sicológicas mas frecuentes son la ansiedad por el desempeño, temor al fracaso, estrés, sentimientos de culpa, inferioridad, baja autoestima, temor o evitación del encuentro sexual, haber vivenciado determinadas situaciones sexuales traumáticas, etcétera. Existen además ciertas condicionantes socioculturales que han contribuido a que la eyaculación precoz sea conceptualizada como un problema, es así como previo a los años sesenta no se la contaba dentro de las disfunciones sexuales, partir entonces producto de la revalidación la sexualidad como un espacio de placer para la pareja en su conjunto y principalmente el derecho de la mujer de alcanzar el orgasmo, se categoriza esta conducta como una disfunción sexual. Es así, como factores socioculturales, como la baja educación sexual, el machismo, una pobre comprensión de ciertos principios religiosos, etc., pueden también contribuir a una vivencia empobrecida y dificultosa de la sexualidad”.

Cómo superarlo Es importante detectar el problema a tiempo y tomarlo con la debida seriedad. Luego consultar a un especialista, previa conversación con su pareja para asegurarse de que no se trata de un evento aislado de control personal. Sólo el médico sabrá tratar esta disfunción correctamente. “Dado que es un problema complejo, que tiene múltiples aristas, el tratamiento debe enfocarse integralmente en todos los factores que puedan estar gravitando en cada caso en particular. Deben ser revisados en primera instancia los factores de tipo físico, cuyo tratamiento debe ser paralelo al sicológico, debido a que por muy biológicas que sean en primera instancia las causas de las disfunción, ocasiona los mismos efectos sobre la autoestima, la relación de pareja, etcétera. Es importante además un adecuado diagnóstico diferencial en cuanto a si la eyaculación precoz es primaria o secundaria, si es adquirida o de toda la vida, general o situacional, si es concomitante a circunstancias vitales como cambios de pareja, etc; estos aspectos marcan énfasis muy distintos sobre los lineamientos a seguir en el tratamiento. Dentro de los focos importantes a trabajar se destacan: Manejo de la ansiedad, psicoeducación en sexualidad, ejercicios sexuales específicos, abordaje de experiencias conflictivas que estén influyendo en el plano sexual o relacional, inclusión de la temática de pareja como factor que contribuye a una mejor comprensión o reformulación del problema, etcétera”, afirma la sicóloga.

Algunos ejercicios

Existen algunos métodos de ayuda para poder ejercitar el control de la eyaculación (adaptado del trabajo de Derek Plonsky en Práctica y Principios de Terapia sexual). Estos son:

*El método “pare y siga”: Este implica la estimulación sexual hasta cuando el hombre reconozca que está a punto de eyacular. En ese momento, la estimulación se suspende por 30 segundos y luego se reanuda. Se repite la secuencia hasta cuando se desee la eyaculación.

*El método de la “compresión”: Implica estimulación sexual hasta cuando el hombre reconozca que está a punto de eyacular; en ese momento, el hombre o su compañera aprieta suavemente donde el glande se une al cuerpo del pene durante varios segundos interrumpiendo la estimulación y reanudándola posteriormente. La pareja pueden repetir la secuencia hasta cuando se desee la eyaculación.

Un problema de a dos

Muchas parejas temen conversar los temas que rodean al sexo por temor a ser rechazados, burlados o no tomados en cuenta. Sin embargo, la única vía para hacer las cosas bien es comunicando lo que nos pasa. Y es que el problema de la eyaculación precoz no es sólo del hombre, sino que también de la mujer, quien luego de cada encuentro siente que no le es atractiva a su pareja, se sienten heridas, ofendidas e incluso sexualmente frustradas. Por otra parte, ellos sienten que no cumplen con su labor de hombres, se sienten avergonzados y aumenta así su ansiedad, agravando el problema. De ahí la importancia de comunicar las emociones que provoca esto y plantear sus puntos de vistas. Además, hablar sobre estas cosas les hará bien y reducirá la presión que sienten. “En la medida en que la eyaculación precoz no sea afrontada de una manera asertiva por la pareja en su conjunto, sino que se opte por minimizar o magnificar el tema, pretender que con el solo paso del tiempo se va a solucionar, en definitiva no afrontarlo de manera activa; este trastorno podría generar serios problemas de pareja que pueden derivar en el plano sexual en una impotencia secundaria o en una evitación de los encuentros sexuales y en el plano afectivo en un distanciamiento y un empobrecimiento global de la relación. La forma o el grado en que la eyaculación precoz afecte a la pareja depende directamente de la calidad afectiva de la relación, es por esto que el apoyo de la pareja es fundamental. Es importante que el problema sea asumido como un problema de pareja, dado que los afecta a ambos. El clima afectivo idóneo para afrontar la situación es de aceptación, segurización y colaboración, es decir, no dejar al hombre solo con “su tema”, no buscar culpables”, concluye la profesional Katusa Nishihara.

 

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