Fantasías femeninas durante el sexo. ¿En qué estás pensando?

Con un hombre musculoso, un negro, varios hombres, incluso mujeres… La imaginación da para mucho y si la dejas correr, es capaz de armar las mejores escenas de sexo en tu mente, aumentando el deseo real del momento que estás viviendo con tu pareja en ese mismo instante. Dicen, incluso, que el órgano más sexual es, sin duda, el cerebro.

Soñar no cuesta nada y mejor aún si no te descubren pensando en aquello. Y es que las fantasías son grandes potenciadores de la libido e incluso son condimentos muy eróticos en un encuentro sexual.
Durante siglos se creyó que las féminas no pensaban en sexo y que las fantasías en esta materia eran de exclusividad de los hombres. ¡Qué errados estaban! Ahora bien, aún quedan algunas que siguen negando la ausencia de éstas o que las bloquean a penas comienzan a aparecer en su cabeza. Estas últimas, sin duda han sido educadas con una imagen muy negativa de lo que es en realidad la sexualidad.

“Como la más deseada”

“Me ha pasado en alguna oportunidad que con el fin de desligarme del día agotador que he tenido y encenderme más rápido, me enfoco en algunos sueños eróticos mientras comenzamos a jugar con mi pareja. Fantaseo con estar en medio de un bosque o selva, con mi pareja y varios hombres más, los que me acarician por muchísimo rato. Yo me dejo querer y me dejo llevar por las sensaciones, pero sólo uno queda al final, mi pareja. Es como el deseo de ser la más deseada en un ambiente muy salvaje”, confiesa Nicole, de 34 años.
Como bien señala nuestra entrevistada, las fantasías sirven para activar la libido, despertar el interés por el sexo e incluso, para aumentar la excitación o alcanzar el deseado orgasmo. Es decir, son verdaderos aceleradores en la sexualidad.
“Una vez estaba teniendo sexo con mi marido y estaba muy tensa. No lograba disfrutar como debía. Así que me dejé llevar por imaginación y recurrí a mi fantasía de siempre: hacerlo en un lugar público. Entonces llevé la escena que vivía a un vagón del Metro. A los minutos ya se me había olvidado el cansancio y estaba teniendo el mejor sexo del mes”, recuerda Sandra, de 33 años.

La fantasía femenina

Claramente hombres y mujeres no pensamos igual y menos fantaseamos parecido. Y el sexólogo Ezequiel López Peralta, según ha escrito, así lo aclara: “Las mujeres tienen fantasías sexuales bastante distintas a las que se reflejan en el imaginario masculino. Tiene mucha relevancia el contexto del sexo: un lugar agradable, cálido, preparado especialmente para la ocasión. Las mujeres fantasean con un amante sensible, tierno y apasionado en su debido momento, que la hace sentir única, especial y sensual. Las caricias en la piel (en todo el cuerpo, no solamente en los genitales) y tener en cuenta los cinco sentidos (tacto, olfato, vista, gusto y oído) son quizás los afrodisíacos más poderosos. La fantasía femenina está ligada al romanticismo y a la seducción, culminando luego de un proceso de excitación prolongado con un acto pleno de pasión. No encontramos grandes diferencias entre mujeres casadas y solteras. Sí quizás la necesidad de la mujer casada sumida en la rutina matrimonial de reeditar los encuentros de otros tiempos en los cuales la seducción era un aspecto primordial de la relación”.

¿Contarlo?

Si bien la comunicación es esencial para lograr un buen acoplamiento sexual con la pareja, en materia de fantasías podríamos decir que es un asunto muy personal. Y esto, debido a que a muchas personas les avergüenza decir lo que piensan. A algunas personas les gusta contarse todo e ir más allá, y otros prefieren guardarse para sí mismos su jardín secreto. Sin embargo, en algunos casos, el comunicarlo en un ambiente de intimidad con la pareja puede ser tan beneficioso como que se llegue a un acuerdo y alguno de estos sueños se haga realidad. Ahora bien, el hacer realidad aquellos que fantaseábamos puede ser peligroso, pues puede resultar muy excitante o bien, bastante decepcionante, ya que la realidad puede distar mucho de la fantasía.
El sexólogo, Roberto Rosenzvaig, ha señalado en su web que “lo primero que ha de tenerse presente es que el hecho de dar libre curso a la imaginación no implica el transformarse en un ser obsesionado por lo sexual. Más bien al contrario, el objetivo buscado al crear un medio donde sea posible compartir las fantasías mutuas consiste, en definitiva, en incorporar al juego sexual de la pareja los más íntimos deseos. En este terreno -como en tantos otros- la posibilidad de compartir es la clave, y puede ser una experiencia distinta y muy agradable el animarse a relatar al compañero o compañera alguna fantasía que tal vez culmine en un juego apasionante y a la vez apasionado. Este juego del hagamos las cosas “como si nos las creyésemos” es lo que confiere a la fantasía su cualidad enriquecedora. Para ello, una técnica que ha dado muy buenos resultados consiste en escribir un guión con la fantasía sexual que se desea vivir. Se trata de imaginar la escena, pensando en los más ínfimos detalles, desde la ropa que querría uno vestir, pasando por la ambientación en la que desearía que ello ocurriera, hasta describir paso a paso lo que uno quisiera hacer… o que le hicieran. En rigor, el desafío principal consiste en abandonar la “seriedad” de la función sexual para disolverla en un juego que combina la espontaneidad infantil con la planificación adulta”.

El mejor momento

A solas contigo misma, sin que nadie te moleste. El momento de la masturbación es el ideal para el nacimiento de las fantasías sexuales. Estas ensoñaciones diurnas tienen otros elementos. Son fantasías mucho más elaboradas, con más trama e incluso hasta con sensaciones distintas, a las que se generan en el coito. En éstas, la mayoría de las veces resulta ser como protagonista, la pareja o alguien conocido.
Y es que las fantasías tiene esa función: motorizar la sexualidad. Origina excitación y provoca excepcionalmente el orgasmo; sustituye experiencias inalcanzables; facilita la respuesta y, sobre todo, aumenta el placer durante la actividad sexual.

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