Hablemos de frecuencia sexual, por @sebastiannora

Hablemos de frecuencia sexual, por @sebastiannora

frecuencia sexual

Hoy quiero hablar de la frecuencia sexual. Las mujeres se quejan que les toca poco; los hombres alegan por lo mismo. Hace unos días, “se filtró” que Carolina le gritaba a Benjamín algo así como “hacíamos el amor 3 veces a la semana y así y todo me cagaste!”. Yo pensé “¿eso es harto, como para darse con una piedra en el pecho por tirar 3 veces a la semana?”… mmm… una amiga me dijo: “cuando tienes 3 hijos, tirar 3 veces a la semana es harto”… siguen mis dudas…

Vamos analizando. Los expertos dicen que no hay frecuencia “tipo”. Que cada pareja sabe dónde le aprieta el cinturón. Que cada maestrito tiene su librito y bla, bla, bla. Que cuando estamos de novios todo es puro fuego y conocimiento, por ende las parejas tendemos a hacerlo más veces. Y que, por consiguiente, ya casados, ya de años, la cosa baja notoriamente. Ahora, pensemos un momento. Si te toca un día del fin de semana tranquilo, en donde estás solo con tu pareja, harás dos veces el amor, al menos, ¿no? una vez en la mañana, otra en la noche (siendo bien tradicional y básico). Pero, estoy hablando de un solo día. O sea, con ese “gran día loco”, ¿ya cumpliste la cuota de la semana? Sigo sin entender.

Leí una encuesta a diferentes tipos de parejas, con y sin hijos. Las parejas de 0-7 años, decían en su mayoría tener entre 2-3 veces relaciones por semana. Las de 10-15 años, más menos lo mismo, 1 a 3 veces por semana. Las parejas de más de 15 años juntos, 2-3 veces al mes y de ahí para arriba datos sacados de una película de terror. ¿Por qué se da esto? ¿Qué le pasa a la gente, a las parejas? ¿El trabajo? ¿El cansancio? ¿El estrés? ¿Los hijos? (los grandes responsables de todo según muchos) ¿La monotonía? Todos estos factores influyen a que el calor sólo se concentre en la estufa… ahora, ¿Qué hacen las parejas para cambiar esto? Aparte de buscar amantes, ¿Hacen algo al respecto? ¿O terminan masturbando recuerdos en el baño? Ahí está la madre del cordero… qué hacer para hacerlo más y mejor.

El sexo es como el deporte, si no nos alentamos a hacerlo, nos quedaremos viendo tele; si no nos hacemos el ánimo, el ánimo no vendrá a buscarnos; si la modorra llega, hay que espantarla de alguna manera. Cuesta, lo sé, pero podría decir con la autoridad de ser alguien muy observador, que la gente es muy floja, que siempre el pasto del vecino es el mejor, que inventamos mil excusas para no hacer lo que otro nos exige hacer. Ahí hay un gran problema. La exigencia. Hay hombres que quieren (me incluyo) hacer el amor todos los días, sin embargo no todas las mujeres quieren eso (99%). Que el pelo, que la crema, que ya estoy vestida, que la cabeza, que la guata, que los pies, que el olor, que ahora no, que más tarde tal vez, que la noche, que la vida, que todo… y ahí, empieza una especie de persecución mortal, en donde el cazador intenta por todos lados atrapar a su presa, pero esta rehúye y arranca, y al final, es tanta la insistencia, que termina por provocar un trauma, una especie de hastío, y ella se enoja, y él se enoja, y ella se pone fea, y el mira para el lado, y así… ¿han visto esa película? Podría asegurar que el 99% la ha vivido…

No es fácil el amor. La frecuencia depende de cada uno, obvio, pero creo que en la sorpresa está el gusto. No se trata de la cantidad, se trata de la calidad. Hasta hacer el amor todos los días puede ser fatal si lo haces igual que ayer. No tengo la pócima mágica, pero hay varias cosas que resultan para que cada encuentro sea mejor que el de ayer:

Variar ambientes: un clásico. La cama con el mismo olor cansa.

Salir de vacaciones de un día: sin maletas, sin cachos, niños en la casa de los suegros y al hotel más cercano. Éxito seguro.

Cambiar las rutinas: no comer en el mismo lugar, inventar noches entretenidas, cambiar horarios radicalmente (ojo los que tienen amantes, esto no va para ellos).

Variar el color del pijama: aunque suene estúpido, piénsalo, ver el mismo pijama todos los días es como terminar durmiendo con la hermana. Y viceversa.

Hablar: no hay nada más erótico que hablar de lo que nos gusta, lo que no, y entre medio, va saliendo algo calentón y una cosa lleva a la otra. Ahora, cuídese de no hablar esos temas complicados. Será para peor y terminará más sólo que antes.

Escuchar música juntos: haga el ejercicio de intercambiar música algún día. Una canción favorita tú, otra él, veas qué pasa. La música conecta con las emociones, de ahí en más, sólo goce.

El vino: bueno, todas las cosas que he dicho, con vino de por medio, ensalzan más la cosa.

Cocinar juntos: cuide que no sean frituras o algo pesado, pero eso de conversar en la cocina, mientras el otro corta algo, es muy rico. Comerás y después amarás. Ley.

Rozarse sin querer queriendo: una estrategia que no falla, pase por detrás, por el lado, por adelante y sólo roce, nada más, después me dice cómo le fue.

Ser un poco indiferente a veces: esto, lo volverá loco (a). Eso de que eres mío, pero no, mata, créame. Si persigue como el zorrillo Pepe Le Pew, arrancará.

Hacer una actividad nueva: ir a tirarse en paracaídas, ir a otro barrio a caminar, ver una película que jamás verían en el cine, entrar a una fiesta sin ser invitado. O algún hobby nuevo que puedan compartir. Llegarán felices a la casa y acto seguido estarán sin ropa en 2 segundos.

Juntos pero no revueltos: no todo el día juntos. Eso es ley. Si por esas cosas de la vida les toca estar todo el día con la pareja, aléjense, lo más lejos posible, al menos un par de horas al día. Esta misma ley se puede aplicar para quienes trabajan juntos. Búsquense otro rubro. No sé si es grato tirar todos los días con el jefe o la jefa.

Bueno. Tómelo o déjelo. Cada quien con su mundo. Pero si, como dije antes, hacer el amor es como el deporte. Si quieres obtener resultados, trata de hacerlo, al menos, 4 veces a la semana, cualquier otro número es poco.

 

 

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