De todo un poco (hot)

Jael y Gastón: La pasión tras 20 años de deseo. RELATO ERÓTICO. Escrito por Martín.

-Suerte, eres la mejor, le dice antes de que parta a exponer.  

Está nerviosa. Primera vez que hablará ante tanta gente. Son como 200 personas. Como estrategia se obligó a mirar un punto fijo, por encima de las cabezas. Pese a que hablaron de esto antes, hacerlo es diferente. Hay un aroma perturbador. Se siente inspirada, grande. Hace rato que es grande, pero hoy lo siente. Para la ocasión eligió algo similar a lo imaginado. Una blusa blanca, no muy ceñida pues el pecho le creció bastante después del embarazo y aún amamanta. Un pantalón negro, liso, clásico, que le resalta unos zapatos que brillan. Como sus ojos. Le cuelga un collar que acompaña los dos botones abiertos. Se ve alta. Lo es, pero se ve aun más. Cuando se incorpora para comenzar los 30 minutos en que hablará de la sede de la clínica que abre ahí y que ella dirigirá, lo ve sentado en la tercera fila. Un leve sopor la recorre y nota una aceleración, mas sigue. Trata, pero no logra evitar cruzar sus ojos con los de él varias veces durante la exposición. Los recordaba azules. Parecen verdes. Acaso sea el efecto de la luz. Hay aplausos. Sabe que lo hizo bien. Camina triunfante. Se contonea. Mujer seca, segura, piensa. 

***

El cocktail es corto y empiezan a despejar el lugar porque habrá baile. Quiere quedarse, pero la maldita culpa la convoca a irse a dormir. Pisco sour en la mano. Se queda.

Sin que se note demasiado le pide a su amiga que la acompañe, que no se vaya a dormir. Es como su seguro de que se comportará y no llegará a lo que imagina desde que comenzó a hablar y lo vio sentado ahí mismo. Bailan juntas y Graciela le pregunta quién es el tipo que no para de mirarla. Un viejo amigo, responde.

Un grupo ya reducido propone un bar con buen ambiente tres cuadras más allá. Quiere ir, decide. Pero de nuevo la culpa.

La siguiente escena es todos ya en el bar, una mesa larga.

Es bueno el sour. Ya van cuatro. Se siente mina, es su noche, eso siente.

No se da ni cuenta y lo inevitable está pasando. Conversan mirándose a la cara después de muchos años. De nuevo la agitación. Son verdes los ojos y no azules, confirma. Advierte que le pasa lo mismo que al teléfono. Le calienta su voz. Y le calienta harto. Se conoce, siente ese calor en la punta del pecho. Recuerda una foto que tiempo atrás le sacó Julián y piensa que la punta de su pecho debe estar así. Hinchada. Parecida a un chupete.

Cree que bailar sería excesivo y opta por seguir la conversación en la mesa. Son como las 2, queda poca gente del seminario. Su amiga, Graciela, debe estar durmiendo hace unos 50 minutos.

No hay nadie conocido de su lado así que se lanza. Está pasado lo que tantas veces imaginó y conversaron. Se besan. Siente su lengua. Está tersa. Le provoca el sabor. Con la mano izquierda le toma la cara, áspera por la barba, y se aferra más hacia la boca de él. Definitivamente tiene el pecho congestionado. Sabe que debe estar cargada de leche. Está excitada, así que las opciones son irse al hotel y apretarse en la ducha para que salga ese líquido amarillo con que alimenta a su hijo o darle de mamar a él. A Gastón. Es una mujer práctica, entonces imagina que sería rico ver y sentir que le lame el pezón hinchado, mientras ella recorre ese pene que en fotos parecía amenazador. Amenazador porque tiene una cabeza grande y se dilata harto. Le cuesta confesarlo, confesárselo, pero en fotos el pene de Gastón se ve más turgente que el de Julián.

Pensar eso la acelera más. Si fuera por ella, ahí mismo le abría el cierre a Gastón.

***

El departamento de Gastón es pequeño, pero todo está bien distribuido. Mientras permanece sentada en la cocina americana, aparece él con dos copas. Salud. Se para, la mira y se acerca. La toma de la cintura y empieza a besarla. Le fisuran sus besos. Esto es calentura de la buenas así que va a disfrutarla. Gastón desabotona hasta la altura del esternón y se encuentra con una teta carnosa que rellena la copa del sostén. Con dos dedos baja la prenda y aparece un pezón con una areola ancha y muy duro. Se ve una gota de un líquido amarillento. Acerca la boca y empieza a chupar. En ese momento se produce un gemido largo, como de ahogo. Se separan. Ella ve cómo la miran esas pupilas verdosas y lo único que piensa es en qué rico sentirse así de deseada. Ahí le toma la cabeza y lo incrusta en el pecho. Lo que se ve desde afuera es Gastón chupando con desesperación la teta de Jael.

Sentados en una silla, ella sobre él, Gastón dispone de las dos tetas de Jael llenas de leche. La tiene como la imagino cinco años. En su casa, para él. Ella siente el bulto del pene y mientras se besan y él hace intervalos para lamer con desesperación, hay roce pene-vagina. Jadean, se desean como dos animales en celo. Entonces, viene el momento en que no hay vuelta atrás. Jael abre el cierre y con la mano derecha saca el pene. Siente como una especie de fiebre. Deben ser como 20 centímetros y un glande muy redondo.

Pasa eso que veces no permite un correlato lógico y Jael usa su mano izquierda para agarrar ese miembro y meterlo en su vagina. Se escuchan jadeos que parecen alaridos y se lanzan frases que describen la pasión que ambos guardaron por casi 20 años. Jael acaba y grita, vuelve a acabar y su leche resbala por la piel mientras él trata, como puede, de sorberla. Al fin eres mía, le susurra y Jael siente el pene rígido y un chorro que sale de sí. No me estoy cuidando admite Jael lo que provoca que Gastón la tome para ponerla contra la pared para volver a embestir como una fiera…

 

Por Martín (seudónimo).

Ilustración: Milo Manara (sacada de Internet).

@KarenUribarri Karen Uribarri, sexblogger, periodista especializada en sexualidad, además de columnista y videobloguera con presencia en importantes medios de comunicación de Chile.

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