La era de las voluptuosas. Lo que provocan en ellos y por qué las prefieren.

La era de las voluptuosas. Lo que provocan en ellos y por qué las prefieren.

Protección, admiración, erotismo, femineidad, son sólo algunas de las razones que los hombres dan a su fanatismo por las mujeres de grandes pechos. Es tanta la locura que desata tener una buena delantera, que ellos confiesan que incluso les da lo mismo si estas son operadas o naturales. Sin embargo, estas emociones tienen una raíz antropológica digna de adquirir. Pon atención.

Durante muchos años, el ser humano ha tratado de explicar el comportamiento del hombre en todas sus facetas, desde la actitud en sociedad hasta su relación con el sexo opuesto. En ese contexto, las diferencias de los cuerpos entre hombre y mujer son parte importante de este estudio. Así al menos lo señaló hace algunos años el especialista en la materia, Desmond Morris, quien escribió el famoso libro “El mono desnudo”. Aquí, el zoólogo y uno de los mayores expertos en comportamiento animal y humano, relaciona ambos procedimientos de manera bastante lógica y certera. En su capítulo dos, titulado “Sexo”, Morris señala respecto a los senos: “Generalmente, se considera que el desarrollo de los senos femeninos es, primordialmente, un fenómeno maternal más que sexual; pero no parecen haber muchas pruebas de esto. Otras especies de primates ofrecen a sus retoños una lactancia copiosa y, sin embargo, sus hembras no presentan seños hemisféricos claramente definidos. En este particular, la hembra de nuestra especie es única entre los primates”, a lo que agrega, “además de su forma ostensible, sirven también para concentrar la atención visual en los pezones y hacer más visible la erección del pezón, que acompaña a la excitación sexual. La zona pigmentada de piel alrededor del pezón, cuyo color se oscurece durante la excitación sexual, es significativa en el mismo sentido”. De esta manera, el estudioso advierte que los pechos de la mujer no sólo fueron creados como fuente de alimentación para los hijos, sino que también como foco de atracción para el sexo opuesto para la reproducción.

Similitudes entre simios y humanos

Desmond Morris no deja el tema de los senos en el tintero y se anima a hacer comparaciones que resultan bastante impactantes. Por ejemplo, cuenta que el simio babuino gelada hembra provoca una gran imitación en su frontis a lo que es su órgano sexual, con el fin de atraer al macho. “Alrededor de su órgano genital, existe una zona de piel roja y brillante, flanqueada de papilas blancas. Los labios de la vulva, en el centro de esta zona, son de un rojo más oscuro y más vivo. Esta muestra visual se repite en la región del pecho, donde presenta también una mancha de piel lampiña y roja, rodeada de la misma clase de papilas blancas. En el centro de esta mancha, los pezones de color rojo oscuro están tan juntos que recuerdan vivamente los labios de la vulva (en realidad, están tan próximos que los pequeños suelen chupar de ambas tetas al mismo tiempo). Como la verdadera zona genital, esta región del pecho varía de intensidad de color durante las diferentes fases del ciclo sexual mensual”, afirma, agregando que la conclusión es que la gelada trasladó sus señales genitales a la región frontal por alguna razón y que esta es que pasan la mayor parte del tiempo sentadas o erguidas. “Si es ésta su posición más típica, de ello se deduce claramente que el hecho de tener un sistema de señales sexuales en el pecho les permite transmitir estas señales a otros miembros de su grupo con mayor facilidad que si las marcas existieran solamente en su cuarto trasero”, dice, añadiendo: “Nuestra propia especie ha introducido un cambio radical en esta típica posición del cuerpo. Como los geladas, pasamos una gran parte de nuestro tiempo sentados en posición erguida. También permanecemos en pie, enfrentados unos con otros, durante los contactos sociales. ¿Es, pues, posible que también nosotros hayamos realizado algo parecido, en un sentido de autoimitación? ¿Puede haber influido nuestra posición vertical en nuestras señales sexuales? Considerada así la cosa, parece que la respuesta tiene que ser afirmativa. La típica postura de apareamiento de todos los primates exige que la aproximación del macho a la hembra se realice por la espalda. En nuestra propia especie, la situación es muy diferente. No sólo existe una prolongada actividad precopulativa cara a cara, sino que también la cópula se realiza casi siempre de frente”, entonces, “todas las señales sexuales y las zonas erógenas están en la parte anterior del cuerpo: las expresiones faciales, los labios, la barba, los pezones, las señales areolares, los senos de la hembra, el vello del pubis, los propios órganos genitales, las principales zonas de sonrojo y las principales zonas de rubor sexual”, afirma. De esta manera se puede concluir que el ser humano también se autoimita sexualmente. “Si la hembra de nuestra especie”, dice, “tenía que atraer eficazmente la atención del macho sobre su parte frontal, la evolución tenía que hacer algo para que la región frontal resultara más estimulante”, por lo tanto, “los senos protuberantes y hemisféricos de la hembra son, seguramente, copia de las carnosas nalgas, y los vivos y definidos labios rojos de la boca deben de ser una réplica de los de la vulva (conviene recordar que, durante la excitación sexual intensa, tanto los labios de la boca como los labios genitales se hinchan y adquieren un color más intenso, de modo que no sólo se parecen, sino que cambian también de igual manera con la excitación sexual)”, concluye.

“Las pechugonas encantan”

Esta confesión masculina pareciera dar por sentada la visión antropológica de Morris, y demostrar que los hombres las prefieren voluptuosas. “En realidad a veces me he preguntado por qué los hombres casi quedamos con tortícolis de tanto buscar pechos grandes. Ahí va mi teoría… En principio creo que los hombres buscamos pechos grandes para sentirnos seguros. Ellos reflejan el estado en que algún momento estuvimos, es decir, cuando éramos invadidos y asfixiados con los enormes pechos de nuestras madres (desde la perspectiva de un bebe de 1 mes), nos sentíamos cobijados y alimentados por aquellos monumentales envases de leche. Creo que de ahí parte nuestra afición de pechos grandes, no gigantes ni menos los de Luciana Salazar. Eso va en otro punto. En cambio, las ‘planas’ a veces parecen ser frías, pero cuidado, una gran parte no lo son y cumplen con creces las fantasías de algunos. No decepcionan, es decir, en ‘eso’ el tamaño no importa en las mujeres. Pero las pechugonas encantan. Al verlas en cualquier lado, nos crean una necesidad impetuosa de besarlas, lamerlas, chuparlas……todo esto en el caso de la mayoría de los hombres que creen que tocando una pechuga grande, la chica se va a excitar de manera descomunal, lo cual es falso. Eso sólo pasa en las pornos, con lucas de por medio. Respecto a la falsa voluptuosidad, es decir siliconas, da lo mismo, mientras se vean bien, paradas, duras, turgentes, da lo mismo si son reales o falsas. Son como un orgasmo… No hay hombres que sean expertos en la materia. A veces nos pasan gato por liebre y ni siquiera nos damos cuenta. Así que mientras no sean falsas al punto de una Salazar, todos lo hombres juegan y son felices tocando”, explica Antonio.

“Nos atraen las mujeres bien hembras”

Hernán tampoco se queda atrás a la hora de sacar sus propias conclusiones respecto del fanatismo masculino por los grandes pechos, y de alguna forma insiste en la teoría anterior y señala la importancia de la imagen femenina y distinta a la de ellos. “Seguramente debe haber como mil explicaciones sicológicas y antropológicas, pero yo creo que la razón es súper simple: hombres y mujeres somos súper diferentes, y creo que cuando uno tiene las hormonas bien puestas, siempre va a buscar los atributos que hacen más notoria la diferencia. Así como a una mujer le gusta un hombre que sea bien macho (de voz fuerte y ronca, que se imponga físicamente, que ande por la vida como si fuera invencible, con actitud ganadora), a los hombres nos atraen las mujeres bien hembras, con harta curva, harta pechuga, su buena cola, etcétera. Seguramente, mientras más se note la diferencia, mayor sea el atractivo. Además es probable que haya algo medio ancestral, en el sentido que instintivamente uno siempre debe mirar a una mujer como potencial madre de los hijos de uno, y el instinto probablemente diga (aunque no sea cierto) que una mujer con más pechuga probablemente sea más lechera y por lo tanto ‘asegure’ la alimentación de los hijos. Respecto de verdaderas versus siliconas, personalmente no conozco la diferencia al tacto, pero visualmente no me hace mucha diferencia (salvo cuando se ponen mucho y queda la piel tirante, tanto que se marcan los bordes de la prótesis). Pero si son naturales o no dan lo mismo, con tal que no sea exagerado. El tema es esencialmente visual”, afirma Hernán.

“Las mujeres con grandes pechugas me dejan ‘lelo’”

Así como se pretendía que los pechos atrajeran a los machos en épocas prehistóricas, para la reproducción; hoy éstas se vuelven un arma importante a la hora de seducción, enloqueciendo a los hombres hasta el nivel de desconcentrarlos por completo. “Las ‘pechugas’ son una de las grandes cosas que nos diferencian los hombres con las mujeres. Es un gen no identificado que nos hace mirar y perder el tren de pensamiento cuando nos encontramos con semejante belleza gemela natural. ¿Identificar el por qué?, difícil… ¡Pero a los hombres que le gustan las mujeres les encanta! Yo me defino más un hombre de pechuga que de trasero. Las ‘planitas’ están todo bien. Total no hay que ser tan vano en la vida, ¿no? Pero las mujeres con grandes pechugas me dejan ‘lelo’ y más tonto de lo que actualmente estoy. Es un ‘um… eh… ¿cómo fue la pregunta?’. La voluptuosidad se puede relacionar de que ‘tan rica’ se va a ver ella desnuda encima tuyo. Y no me importa si son falsas,  si ella se siente ‘más segura’”, remata Edgar.

De esta manera, podemos concluir que los pechos voluptuosos resultan ser los preferidos por los hombres y que están de acuerdo con las cirugías plásticas para agrandarlos, no dándole mayor importancia a la diferencia de cómo se ven o se sienten a diferencia de los naturales. Así también, afirman la teoría antropológica de Morris, señalando que son puntos de atracción sexual tan fuertes, que pueden convertirse en un gancho seductor para cualquier mujer. Sólo hay que saber cómo usarlo.

Compartelo...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Comenta

*