La poder de la masturbación masculina

La poder de la masturbación masculina

Me salen los cachos de diabla al escribir esta columna, pero tal como alguna vez les aseguré que ocurría con la felación, les subrayo que la masturbación en el hombre es una de las grandes herramientas de manipulación femenina. ¿Cómo así? Simple y claro: Una mujer que sabe cómo acariciar el pene (y sus alrededores) a su pareja tiene el cielo ganado con él. Y dependiendo de sus ingresos económicos, las compensaciones por estos mimos pueden ir desde desayunos en la cama hasta regalitos sorpresivos y brillosos. Porque para ellos, que les sepan tocar la zona es digno de altar en sus vidas. Y no exagero. Porque actualmente es más importante hacerlo bien que cocinar. Tal cual. Ahora al hombre se le atrapa en la cama, no a través de la cocina….
El tema de la masturbación masculina es una gran parte de sus vidas. Ya a los 18 años, -según Verdades y Mentiras en el Sexo de Eva Roy- más de un 90% de los jóvenes conoce la masturbación, la que llega a sus vidas en calidad de compensación. Es decir, hasta que no disfrutan de las relaciones sexuales plenas, se dedican a masturbarse… Aunque según mis investigaciones, siguen haciéndolo en forma paralela. Y no es malo que ocurra, porque incluso junto con técnicas tántricas y de otros tipos, se puede utilizar como terapia de reducación sexual para combatir la eyaculación precoz. O sea, sigue siendo herramienta de poder por donde se le mire.
Pero, ¿cómo hacerlo inolvidable? Ni demasiado suave, ni demasiado brusco. Tómalo con poder y autoridad y mantén el ritmo. Lo ideal es que lo hagas acompañado de un lubricante sabroso que potencie las sensaciones, como los que producen calor. Porque además de ello, permitirá un movimiento continuo y sensitivo único. También es importante no dejar de lado los testículos, la zona del perineo y la base misma y tronco del pene.
No lo hagas para darle el gusto al otro, sino que diviértete tú también con lo que estás haciendo. El contexto ayuda mucho. Por lo mismo, si quieres añade elementos nuevos a tu técnica, como collares de perlas, calcetines o guantes de seda. Y juega e interpreta las caras de su pareja. Sólo el podrá sugerirte cuáles áreas le gustan más, que ritmo desea y si le erotiza más fuerte o más suave. Lo importante es encontrar el mecanismo que te vuelva invencible en la materia y que el sólo hecho de que lo hagas le cambie el color a su día. Una vez logrado eso, el resto vendrá por añadidura y lo tendrás, textualmente, entre tus manos.

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