“Libertad condicionada”, un relato amoroso de @sebastiannora

“Libertad condicionada”, un relato amoroso de @sebastiannora

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¿Vieron la película “Pase Libre”? fue protagonizada por Owen Wilson. Y contaba la historia de dos parejas que se dan una semana de libertad absoluta, producto del agotamiento marital.

Del trabajo a la casa, de la casa al trabajo; luego al gimnasio, después al supermercado, luego de vuelta a la casa, los niños, y así, la vida puede ser una constante y diaria repetición de hechos. Querámoslo o no, todos tenemos algún grado de rutina sin darnos cuenta. Vivimos el día a día como ratones en una jaula. Avanzamos sin saber a dónde vamos, qué queremos, si nos gusta lo que estamos haciendo, etc. Ahí, vienen los problemas. Porque en pareja, una rutina no es sólo eso, son dos rutinas en una misma casa, que a veces, tienden a compartirse o fusionarse. La rutina, a todas luces, mata, o mejor dicho, cansa. Conozco miles de parejas que viven sin problemas en la monotonía. Es tanto el formato establecido, que una queja no tiene espacio. Así es que, siguen, viven, van de acá para allá, haciendo lo mismo una y otra vez y eso, les parece “normal”. Es que la gente es muy normal a ratos. No explora, no busca, no intenta, y prefiere lo establecido a lo nuevo. Hoy, son muchos, por poner algún ejemplo, que están buscando la independencia en el trabajo, pero antes, era algo impensado. La misma pega les daba eso que llaman seguridad, estabilidad, calma. Sabiendo que reciben un sueldo x, en una fecha x, etc. Bueno, en las parejas es lo mismo. He tenido relaciones de parejas largas y lo sé, esto no me lo contó nadie. Y depende de cada uno de los integrantes, luchar, día a día, por hacer algo diferente, un cambio, algo que ensalce la cosa. Pero claro, es difícil, por no decir imposible. Creo que es uno de los puntos más críticos de una pareja. Saber cómo cresta salir de la rueda en la cual viven metidos.

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Según la Rae, la rutina es una “Costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y sin razonarlas”. Tal cual. No pensamos en que estamos metiéndonos en un hoyo sin salida.

En la película, un par de tipos empieza a cuestionarse su diario vivir, provocado, obviamente, por distintas “distracciones” fuera de lo cotidiano. Además, porque ellas ya estaban rehusando al sexo monótono sin darse cuenta. Buscaban excusas como el “dolor de cabeza”, “los niños”, el cansancio”, etc. Así, ellas, deciden que lo mejor para que no se sintieran presionados, y de paso, valoraran lo que había en casa, era darles un “pase libre”. Una semana de libertad absoluta, pudiendo, incluso, tener sexo, si así lo querían, con otros. La regla corría para ambos. Al principio, ellos no querían acceder, los hombres somos “un tanto” cagones e inseguros en ese sentido. Queremos hacer cosas malas, pero que nuestra mujer no las haga; queremos una puta en la cama, pero que no sea nuestra pareja, y así. Machismo, le llaman.

Cuando la chispa ya no enciende; cuando el vino no es suficiente; cuando el atractivo se empieza a caer a pedazos y sobre todo, cuando no puedes salir de ninguna de estas u otras situaciones, es que algunos recurren a esta “terapia de libertad”. Un contrato, de palabra, en donde se expresa, claramente, que se tiene la autonomía para hacer lo que el otro estime. ¿Será posible? Los expertos dicen que no. Que hay otras formas de encuentro en las parejas, y que esto, es algo inventado por el cine o la TV. Que suena un poco utópico, porque después de esa semana, se vuelve a una normalidad quebrada, rota. Además, está la alta probabilidad, de que uno de los dos se enganche con lo que hay afuera y no vuelva más. Es un riesgo, claro está. Ahora, en la película, se estipula en este “contrato”, que “lo que se hizo en esa semana, queda ahí”. Por ahí te creo. Porque contar “la verdad de la milanesa”, no creo que sea lo más recomendable.

¿Cuántos matarían por este permiso? ¿Cuántos, realmente lo necesitan? ¿Cuántos, ciertamente, cumplirían sus sueños sexuales en esa semana? Creo que pocos. Además, siento que deben ser contadas con los dedos de las manos las parejas que lo harían. Insisto, es un riesgo muy alto.

Bueno, en la película de Wilson, se ve cómo estos tipos quedan con libertad absoluta, pero sin saber qué hacer. Volvieron a ser adolescentes de un día para otro, pero ya sin pelo, con guata, y sin la personalidad de antaño. O sea, un completo fracaso. Es más, son ellas, en la cinta, quienes disfrutan más de esta semana de libertad, y ellos vuelven arrepentidos por sentir esa necesidad de salir a buscar afuera. Uno siempre está mirando el pasto del vecino, y cuando lo tiene, se da cuenta que lo que tenía no era tan malo. Es más, era mil veces mejor que lo nuevo. Además, digamos las cosas como son, es una lata aventurarse a algo nuevo-nuevo, por eso muchos recurren al ex. Carne conocida, poco cuestionamiento, algo de corazón dentro de la cama, y a disfrutar. Pero ¿Un calzón nuevo? ¿Un amanecer con alguien que no conoces? ¿Un tufo nuevo? ¿Una cara de culo al despertar nueva? ¿Olores nuevos? ¿Sabores nuevos? ¿Gemidos nuevos? ¿Peinados nuevos? (entiéndase no en la cabeza) Yo, paso… Mejor poto conocido que poto por conocer, dicen…

Bueno. ¿Lo harían? ¿Lo han hecho? Yo no sé. Creo que preferiría terminar una relación a saber que en una semana mi mujer se desató en las piernas de otro. No podría vivir con eso. Ahora, sí creo en los espacios, en los tiempos, en un fin de semana de tranquilidad, deporte o algún pasatiempo entre amigos, no sé, algo que me haga salir de mi casa, hijos, pareja. Me parece lo más sano. También creo, que es posible hacer cosas nuevas de a dos. Viajar, tirar de otra manera, en otros lugares, cambiar de ciudad, de trabajo, de amigos, etc. Si uno está tan aburrido como para liberarse del todo de alguien, es porque ya no quiere estar con ese alguien, supongo. Un consejo: vea bien lo que tiene al lado, no vaya a ser cosa que por buscar nuevas experiencias, termine más solo que un dedo… se lo dice un ferretero…

Sebastián Norambuena

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