Los Swinger: “Te amo, pero ¿te comparto?’”

Los Swinger: “Te amo, pero ¿te comparto?’”

Aunque este estilo de vida sexual tiene más adeptos en países como Argentina, México y España; en Chile han ido proliferando de a poco y ya tienen organizaciones que preparan fiestas con frecuencia y los contactan entre sí. Tienen un código de honor y requisitos previos, que los convierte en una tribu homogénea, pero muy cerrada y, por supuesto, muy liberal. Descubre quiénes son.

Los swinger son personas que han decidido hacer realidad sus fantasías, sin preocuparse por el qué dirán ni los tabúes sociales. Son honestos con sus sensaciones y buscan satisfacer sus necesidades a costa, tal vez, de ser sancionados por sus pares por ‘liberales’ o ‘promiscuos’. Tienen un carácter fuerte, pues dejan de lado todos sus temores y se lanzan a un estilo de vida donde todo se comparte, incluso tu pareja. Esto, que podría ser inconcebible para algunos, ha logrado cautivar a cientos de personas que en países vecinos y sobre todo en Estados Unidos y Europa, haciendo crecer centros nocturnos que los reúnen, revistas, portales de Internet y fiestas clandestinas. Sin embargo, hoy ya no se esconden, aunque en Chile, aún ocultan sus identidades. “Los chilenos somos muy enjuiciadores y tradicionales”, dicen.

¿Qué es ser swinger?

Es ser una persona o pareja que tiene una mayor amplitud sexual que la mayoría de la sociedad y que decide ejercer esa libertad en relación a su vida sexual. Esto es, intercambio de parejas, práctica sexual en grupos y todas las variantes de estas. Un swinger goza con su libertad sexual y fantasea con la idea de ampliar su círculo de contactos sexuales más allá de la pareja, sin tener esto que ver con sentimientos y realizándose con entera aceptación de todas las partes. La pareja swinger tiende a ser muy abierta de mente, muy poco convencional y en general no permite que sus creencias religiosas o políticas le impidan pasar un buen rato. Por lo mismo, quienes conforman un grupo de swinger tienen a ser de distintas edades, gustos, estilos, físicos, ideologías y actitudes. Sin embargo, hay algo que los caracteriza a todos por igual, que es el respeto a decidir por sí mismo, es decir, si uno no quiere hacer tal cosa, basta con un no y se le respeta. Ellos celebran por sobre todas las cosas la libertad y, por ende, no la pasan a llevar.

Un estímulo extra

Es importante entender que así como puede resultar excitante para algunos formar parte del un trío o grupo sexual, esto no debe hacerse cuando la pareja pasa por un mal momento en la relación y se piensa que a través de esta estimulación extra todo podría solucionarse. Nada más errado, pues se necesita solidez emocional en la pareja para que esto funcione y no tenga consecuencias erradas a futuro. Si no se cometen esos errores, estudios recientes aseguran que la mayoría de las parejas swingers mejoran de una forma importante su relación en seguida de iniciarse en este estilo de vida, tanto en lo sexual como en lo afectivo, al haberse convertido en cómplices de muchos juegos.

¿Cómo funcionan las fiestas swing?

Bueno, existen muchos portales en Internet en los que se promociona este estilo de vida y son ellos mismos los que organizan fiestas con frecuencia para reunir a aquellos que son swinger hace años o para los novatos. Estas fiestas se realizan en departamentos discretos, a donde llegan sólo los que se han inscrito previamente (sólo ahí te dan a conocer la dirección) y generalmente, para ello, es necesario llenar un cuestionario y una vez en el lugar, deben pagar un monto determinado de dinero. Claro que hay que tener en cuenta que no todos los que se inscriben quedan seleccionados para el encuentro. Hay que remarcar que muchas de estas fiestas hacen la advertencia que se tratan de encuentro heterosexuales en los que únicamente las mujeres pueden tener contactos bisexuales; además está prohibido consumir drogas y es obligación usar preservativo en cada contacto.

La visión de un experto

El destacado sexólogo chileno Roberto Rosenzvaig, ha analizado profundamente esta tendencia sexual que, si bien tiene su boom en otros países, en el nuestro también existe. Al respecto, dice: “Es más que evidente que los cambios acelerados que afectan a las parejas tradicionales, hacen dudar de que hoy exista un modelo único y definido de relación. Dos generaciones atrás, pareja era sinónimo de unión marital heterosexual, legal y religiosa comprometida en un acuerdo de fidelidad, y se entendía como un primer escalón necesario hacia la familia; a un lado quedaban, casi marginalmente, los que solo convivían. Desde la mitad del siglo XX en adelante algunas cosas han cambiado, principalmente se afirma la idea de que no existe un solo y adecuado modo al que las personas deban ajustarse para estar juntos. Gran parte de la responsabilidad lo tienen los cambios en las relaciones de género, que del sometimiento explícito ha rotado a formas más igualitarias en los vínculos. La mujer sumisa, dependiente y dispuesta a aceptar con resignación la multiplicidad sexual masculina ya no se sostiene como el rol deseado. Desde mediados del siglo XX en adelante comenzaron a aparecer nuevas modalidades de acuerdo”, a lo que añade, “de obligación se pasa a la noción de elección, lo que comienza a generar formas diferentes y originales de unión, asimismo los compromisos se desplazan de la legalidad de las escrituras públicas al deseo íntimo del compartir un riesgo y un deseo de perdurabilidad. Las parejas contemporáneas asumen con mayor conciencia la peligrosa inconstancia de los vínculos amorosos, y cada vez creen menos en las garantías externas, por lo que el matrimonio no aparece como la salvaguardia, sino como la conclusión de un proceso de mutuo y profundo conocimiento. Pero la decisión de convivencia no debe ser vista como un prólogo, ni un período de prueba, es un estado diferente, que puede concluir o prolongarse como cualquier otra relación. Vivir juntos no representa una estrategia para disminuir gastos fijos, sino la puesta en juego de la capacidad de compartir las características de cada individualidad”. Rosenzvaig asegura que la convivencia tampoco implica una condición absoluta de pareja, ya que actualmente hay quienes ponen sus reglas del juego en una relación y aceptan el estado de “puertas afuera”. “Dentro de esta categoría se sitúan quienes no quieren atarse a un ritual de presencia permanente del otro, porque sienten que eso los asfixia, y que requieren de soledad y compañía como hechos complementarios y no opuestos”, dice el especialista. Y es que hay quienes afirman que la existencia de una “pareja abierta” no es un ataque al vínculo, muy por el contrario, aseguran que lo reafirma. “Abierta significa que cualquiera de los dos puede optar por un acercamiento afectivo o sexual a otro. La base de esta posición se sitúa en la creencia que la monogamia sexual no es más que represión del deseo, que tanto los varones como las mujeres anhelarán en algún momento de su vida un cambio que los revitalice. Y que generalmente lo hacen a través de la infidelidad. Sin embargo, hay quienes dan un paso o varios más allá y realizan prácticas de intercambio sexual a la cual se denomina swinging y a sus adeptos swingers, esta palabra significa oscilar o pendulear (neologismo)”. Roberto los define como personas que creen que sus preferencias sexuales son normales y que la mayoría de las personas las sienten, sólo que ellos las hacen realidad y no las reprimen como el resto, quienes se refugian incluso en relaciones extramaritales a escondidas. En consecuencia, los swingers se sienten “libres de la hipocresía moral de la sociedad en que viven”. “Los swingers muestran que los deseos sexuales pueden adoptar formas de realización colectiva totalmente diferentes a las tradicionales, el tema es si estas formas llevan a un camino de autorrealización individual y en pareja, o si no son más que modos de escape al compromiso afectivo y emocional”, concluye el terapeuta y sexólogo profesional.

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