¿Mujeres con crisis de los 40?

imagesX9VQ31OOTanto se habla de la crisis de los 40 en los hombres, que de verdad pensé que nosotras no sufríamos una cosa como esa, pero me equivoqué. Hasta que una amiga me dio la bienvenida, medio en broma, medio en serio, al ‘viejazo’.

Y es que me he sentido extraña estas últimas semanas, como cuestionándome todo, evaluando hasta lo más mínimo. Y si bien me quedan unos poquitos años para los 40, al parecer esta etapa está recién comenzando y hago un alto ahora para replantearme la vida… cuando me acerco a la mitad de ella.

Pamela se siente igual. Quiere hacer un cambio en su vida, importante. Y es que se siente estancada, como si su vida girara en círculos sin un destino claro. “Creo que en alguna parte perdí esa euforia por vivir. Esa sensación que las cosas te emocionan tanto que hasta llorarías de pena o de alegría. Llega el lunes y me levanto para hacer lo mismo. Y llega el viernes y me acuesto para hacer lo mismo. ¡Quiero un cambio!”, me dice mientras saborea un pisco sour en una de esas conversaciones profundas que se dan entre las minas en situaciones de minas.  Y yo me recuesto en el sillón y le cuento que tengo ganas de plantearme nuevas metas, nuevos desafíos. De volver a sentir ese cosquilleo de las experiencias nuevas, de los logros alcanzados. Y que quiero proyectar mi vida en términos de salud, de cómo llegar mejor a la vejez, de no haber olvidado en el camino la diversión, el hobbie y hasta el ocio. Ella enciende un cigarro y me asegura que en alguna parte del camino se olvidó de ella. Que se centró en ser madre, esposa y trabajadora, a acumular cosas y olvidarse de lo que la motivaba a disfrutar de otras que hoy no tiene. Y respiramos hondo, casi como un suspiro acallado, como con nostalgia. Y Sofía nos mira sonrientes… “es justamente lo que le llaman ‘La Crisis de los 40’”. Y me asusté.  Porque pienso que estoy comenzando a dar mis primeros pasos en este replanteamiento y no sé con qué me encontraré. Aunque estoy segura que he vivido intensamente cada momento y que he tenido grandes alegrías. Pero quiero capturar mi esencia de querer más, más emoción, más hambre de desafíos, más sensación de estar viva, de los pies a la cabeza.

Entonces me despojé del miedo a esta tan vapuleada “Crisis” y la vestí de oportunidad, de plantearme el objetivo de llegar a la plenitud personal y laboral. De reflexionar más, de darme tiempos para disfrutar de cosas nuevas, de buscar espacios para las amistades y no consumirme tanto por el trabajo. De disfrutar, de pronto, más de los momentos con mis hijos, por simple que estos sean. De enfocarme y retomar el ejercicio para llenarme de energía y aire del bueno. De generar yo las instancias románticas que tanto le reclamo a mi marido. Quizás de cocinar más, porque me relaja. De salir a caminar sólo para mirar donde vivo. De regalonear más con mis papás, de hablar más con mi hermano…En fin, tal como dicen los expertos, ‘nunca es tarde’ para comenzar de nuevo o vivir más a concho. Bienvenida ‘crisis’, bienvenido ‘crecimiento’.

 

 

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