Pornografía en la adolescencia

Pornografía en la adolescencia

La pornografía actualmente tiene una serie de subcategorías entre las que podemos encontrar una gran variedad de formas de llevar a cabo el acto sexual. En sí misma, la pornografía no tiene ningún problema, por el contrario, muchas veces alimenta el deseo en las parejas y permite obtener ideas para que el acto sexual sea más entretenido cuando la rutina ya ha colapsado un poco el sistema.

La única forma en la que la pornografía podría ser considerada un delito es cuando se trata de pornografía infantil o con adolescentes que también son menores de edad.

Sin embargo, aparte de mostrar diferentes formas de llevar a cabo un acto sexual, la pornografía también se ha llenado de estereotipos que podrían afectar a los adolescentes que la consumen si no existe una base respecto de la sexualidad y el sexo en ellos, es decir, pueden extrapolar desde la pornografía ciertos estereotipos que pueden configurarse como una representación mental de lo que es o no adecuado en una relación sexual con otro.

Parte de los estereotipos que aparecen en la pornografía tienen que ver con la forma en que una mujer debería verse en el acto sexual y con ello no solo me refiero a la forma de su cuerpo sino también a la forma de sus genitales. Me ha tocado escuchar algunas adolescentes que desean operar sus vaginas porque no se parece a las de las actrices de películas pornográficas y les da vergüenza que sus pololos pudieran verlas pues sienten que las compararían y al no ser igual creen que está mal.

Parte de sus discursos guardan relación con que todas las actrices parecen tener los mismos genitales y debido a que eso no es un tema que se converse con otros adultos por ejemplo o incluso con pares debido a la vergüenza que les genera, es que las adolescentes pasan a creer que son sus genitales los que están mal y que deben ser operados por ello. Como si no fuese suficiente la lucha diaria que muchas llevan por tener “el cuerpo que deberían”, se suma también la presión porque sus genitales también sean “acorde a lo que muestra el mercado”.

En este punto es importante considerar que nuestros genitales no pueden ser vistos de manera directa como los hombres, por lo que inicialmente las mujeres instalan a nivel psíquico una imagen de sus genitales en función de la autoexploración la cual va sumando además sensaciones particulares asociadas a diversas áreas (por ejemplo, más placer en momentos en que se estimula el clítoris). Son pocas las que utilizan espejos para mirarse y conocer exactamente sus partes íntimas por lo que la pornografía “ayuda” a generar una imagen mental de lo que deberían ser mis genitales: si gracias a eso me miro y veo que no se parecen puede generar bastante confusión.

Otro punto a recalcar en esto es el orgasmo: en general las mujeres no tienen claridad de “qué es” el orgasmo, en varias oportunidades me ha tocado escuchar en sesión a adolescentes que me dicen preocupadas que ellas no tienen orgasmos, pero finalmente en la medida que hablamos de ello no es que no tengan orgasmos si no que no son iguales a los de las películas y eso las confunde pues están todo el tiempo orientadas a vivir esa experiencia que “nunca llega”. En una ocasión una joven me dijo “en las películas gritan, y yo nunca siento la necesidad de gritar…”, recuerdo que esa vez pensé que pareciera ser que las mujeres no tenemos una representación mental real de lo que es el orgasmo, pero sí tenemos claridad absoluta de cómo el orgasmo debe ser visto por los otros.

En otra ocasión una amiga me comentó que su cuerpo temblaba en ciertos momentos y que no le gustaba pues le daba vergüenza, por lo que contraía todo su cuerpo en pos de no mostrar aquello. Cuando le pregunté por qué hacía eso me decía que a su novio le molestaba el movimiento por lo que ella estaba intentando controlar esos espasmos para sentir un orgasmo real, como el de las películas.

En el caso de los hombres, la afectación de las películas pornográficas muchas veces está asociada a que “deben durar” mucho tiempo en el acto sexual para cumplir con lo que pareciera ser el rol masculino dentro del acto. Lo anterior es un mito tremendo con el que muchos hombres cargan toda su vida, sintiendo que su masculinidad depende de la duración de su erección en un acto sexual.

Sumado a ello, muchos actores pornográficos poseen un pene con medidas fuera del promedio, lo que ocasiona que algunos adolescentes se cuestionen si ellos tienen algún problema pues no cuentan con la medida que “deberían” tener. Siempre se escucha acerca de que el tamaño sí importa, aquello también es una gran carga que se añade a los adolescentes que hoy, debido a la gran cantidad de publicidad con los “cuerpos que deberían tener”, “la forma en la que deberían vestirse”, etc., han generado graves problemas de autoestima que finalmente decanta en la introversión o en el exceso de relaciones íntimas con otros con objeto de probarse a sí mismo que pueden cumplir con el imaginario social.

Más grave que todo lo anterior es un tipo de pornografía que se ha estado difundiendo ampliamente hace un tiempo: son situaciones simuladas de agresiones sexuales por medio de las cuáles las mujeres u hombres dicen que no, pero aún así los otros continúan manteniendo relaciones sexuales con ellos.

El gran problema, es que desvirtúa en algunos adolescentes la imagen de que cuando el otro dice que no, en realidad quiere decir que sí, y por ende, no hay por qué detenerse. “Es mi polola así que tiene que tener relaciones sexuales conmigo”, “¿entonces para qué le hice tantos favores si al final no me va a dejar tirar con ella?” son algunas de las frases que he podido oír en chicos y chicas que tienen algunas distorsiones cognitivas respecto al límite con el otro y al cómo evalúan que deben ser las relaciones sexuales.

Incluso en una ocasión me tocó escuchar una joven que me indicó “él me dijo que si no tenía relaciones sexuales con él se iba a ir con otra que si le diera eso…yo era virgen y no estaba muy segura, pero lo quería y no podía dejar que se fuera con otra porque yo no quería darle eso…”, ¿les suena conocido?, sí, es un gran mito que aún existe en nuestra sociedad por medio de la cual se les indica aún, sobretodo a las mujeres, que si fueron engañadas es porque no supieron realizar los actos correspondientes en la cama.

Estas ideas erróneas acerca del acto sexual propiamente tal si bien nacen de la visualización de pornografía muchas veces, creo que tiene su asentamiento en la no comunicación con un adulto que logre guiar entorno a estas fantasías pues ver pornografía en la adolescencia es parte de la etapa por la cual transitan.

El problema en ello no es que vean pornografía sino que como adultos les cerremos las puertas para poder hablar acerca de sexualidad y de sexo sin tabúes, si ellos sintieran la libertad de poder preguntarnos entorno a estos estereotipos quizá disminuirían las ideas equívocas que muchos mantienen sobre sus cuerpos.

Recordemos que los adolescentes son personas que se encuentran en desarrollo y para los que la opinión externa es muy fuerte, por eso se acercan más a su grupo de pares que a los adultos, pero aún así podemos ser un soporte para ellos si estamos  de la manera adecuada: respetando su espacio y entregándoles la confianza de que pueden hablar con nosotros sin que eso implique un castigo, un golpe, un grito…

Si ellos saben que podemos contenerlos frentes a sus dudas y a sus miedos, a sus frustraciones y alegrías, entonces podremos ser un aporte en sus vidas y recordarles que la pornografía solo grafica el acto sexual, pero que éste en la vida real implica mucho más que eso.

 

Karla Donoso

Psicóloga

 

Compartelo...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Comenta

*