Problemas en la pareja que afectan la sexualidad. Descubre qué la desestabiliza.

Problemas en la pareja que afectan la sexualidad. Descubre qué la desestabiliza.

Lo predijo hace siglos el mismo Freud y ya en aquellos tiempos aseveró que todos caerían en la misma rutina debido a las grandes diferencias entre los amores entre un hombre y una mujer. Hoy en cambio, los médicos aseguran que los problemas sexuales tienen que ver necesariamente con lo que ocurre con la pareja. Conoce qué te lleva al tedio sexual.

¿Qué mujer es capaz de hacer el amor luego de una pelea con su pareja?, ¿quién es capaz de tener un gran sexo luego de una lucha de poderes con su compañero?, o peor aún, ¿se puede tener sexo cuando el otro ni te mira durante el día? Imposible, o al menos no de la manera correcta. Y es que actualmente está definido por los especialistas que todo problema sexual está íntimamente ligado a los de pareja. Así, la impotencia, la baja en el deseo y la anorgasmia, por nombrar algunos, están relacionadas con las interrogantes antes expuestas. Estos problemas de parejas que tanto afectan nuestra vida sexual, fueron descritos por el sexólogo Adrián Sapetti en una de sus tantas publicaciones y que en esta oportunidad entregó a Zona Mujer.

1.- La rutina.

“Puedes hacer el amor con la misma persona por el resto de tu existencia, en diferentes lugares, formas, variantes y situaciones posibles. Vestidos, desnudos, con velos, semidesnudos. Bajo la ducha, en el jacuzzi, entre los médanos, en un hotel para parejas, en la cocina, en el jardín de la casa o en el asiento posterior del auto. El sexo podrá ser lento y sensual, salvaje y apasionado, intenso o suave; un encuentro de dos horas o de 5 minutos en el toilette. No necesariamente una pareja estable, monógama, tiene que ser desapasionada y aburrida. Obviamente aquellos que no tienen una vida erótica satisfactoria con su pareja, habiendo intentado cambios una y otra vez, no están obligados a clausurarla en la tumba de un monogamia coercitiva e insatisfactoria. Y estas son las quejas más frecuentes de la pareja estable, conviviente: el sexo se ha convertido en algo rutinario, aburrido, monocorde, gris y mecánico, desilucionante, frustrante. Todo lo que era nuevo ha dejado de serlo, perdimos la magia, la fantasía; se nos terminó el idilio en el naufragio de lo cotidiano.

2.- Actitudes antieróticas.

“Cuando vemos parejas  disfuncionales es frecuente escuchar recriminaciones y cobros de facturas, y un evidente rencor hacia el compañero debido a años de conflictos, incom­prensión y fracasos. Una de las situaciones más frecuentes es que uno o ambos miembros de la pareja conside­re al otro como repulsivo, desagradable, poco in­teligente y luego se sorprenden cuando en sus espaciados y pobres encuentros sexuales la mujer no llega al orgasmo o el varón no tiene una erección satis­factoria o la pierde a poco de haberla obtenido. Un caso típico es quien nos consulta porque no logra la erección con su esposa; él dice que ya no la ama y que le desagrada físicamente porque la encuentra fea, gorda o mal arreglada y poseedora de actitudes poco eróticas. Muchas veces pareciera que él no se miró al espejo porque vería lo que se descuidó, cómo se abandonó: fuma compulsivamente, no se arregla, está con sobrepeso cuando no hipertenso y estresado, atrapado por las obligaciones, siempre le falta tiempo, salvo para estar horas frente al televisor viendo el fútbol de Italia, el de Brasil y cuanto partido se le cruce. Inmersos en estos sistemas deserotizantes, verdaderas ruinas de la pasión, tanto ella como él contribuyen a la fal­ta de deseo y excitación. No obstante muchos varones creen que igual van a poder funcionar. Convierten algo placentero en un acto obliga­torio y por decreto. Luego viene el asombro: ¿cómo es posible que haya fallado? Los rechazos mutuos, las recriminaciones, las dudas permanentes de una supuesta infidelidad que trae aparejada una disfunción eréctil del varón terminan reciclando el síntoma”.

3.- Disturbios comunicacionales.

“Hay una serie de supuestos, incomprensiones y desencuentros que se repiten con singular frecuencia en muchas parejas con problemas sexuales: ‘No hay que hablar de sexo pues sólo hay que hacerlo y además, espontáneamente’. ‘El tenía que adivinar lo que a mí me gusta’. ‘No entiendo cómo a ella no le gusta lo que a mí me gusta’. ‘Yo suponía que eso te tenía que excitar’. ‘La verdad es que yo, realmente, no sé lo que le gusta a mi esposa’. ‘¿Le gustará lo que le estoy haciendo?’. ‘Te lo sugerí tantas veces y jamás me lo entendiste’. ‘¡Si sabes bien lo que a mí me gusta!, no hace falta que te lo ande diciendo…’. Cuando algo se explicó o sugirió muchas veces y la pareja no lo entendió hay que pensar que el disturbio está en el emisor que no transmitió el mensaje adecuado, o que el receptor no pudo, no supo o no quiso recibirlo, o que en el medio de los dos hay un abismo insalvable. Si de esa manera el mensaje no se comprende sería mejor no seguir insistiendo de la misma manera, busquemos una nueva manera de comunicarlo en lugar de aumentar el tono e insistir siempre igual”.

4.- Luchas por el poder.

“Como una necesidad de domi­nar al otro o el temor a ser dominado se entablan luchas exasperadas por el poder. Algunas corrientes psicoanalíticas vieron como un complejo básico este de ejercer el poder social o matrimonial. Vemos cómo, proyectos y planes de la pareja, sucumben debido a la hostilidad y la cólera en medio de estas peleas. Nada importará a la hora de rivalizar, competir y discutir, aun­que más no sea por cosas insignificantes. Es como si el goce estuviera puesto en la pelea y no perciben aquello que decía la Dra. Helen Kaplan: ‘Si quieren pelearse háganlo, pero si quieren hacer el amor, abandonen la pelea’. Solemos ver que, muchas veces, esas luchas por el poder son una manera de evitar las relaciones sexuales. En estas va­nas luchas la sexualidad sucumbe inexorablemente, por ello la intervención por parte del terapeuta de estas interacciones ne­gativas será el eje nuclear, para la resolu­ción del síntoma”.

5.- ¿Temor al abandono o a sentirse ahogado?

“Otra de las causas de conflictos sexuales es cuando un varón siente ansiedad por el temor a ser abandonado pero, si hay una excesiva cercanía, pone serias distancias porque no quiere ser asfixiado por su pareja. Un viejo dilema de la infancia en relación a la madre, diríamos. Entonces si tiene buenas erecciones con la mujer que ama teme por quedar atrapado y si presenta impotencia tiene el temor a que ella lo abandone por alguien más dotado. Esto pasa claramente con los varones fóbicos que oscilan todo el tiempo entre la ansiedad de castración y de abandono: ‘Si se acerca demasiado me tengo que escapar y si no me llama me angustio’. Con ellos siempre hay que ir midiendo las distancias y la intensidad del contacto (pasa tanto en las terapias como con las parejas). Es el famoso, y tan mentado por las mujeres, temor al compromiso. Claro que estas situaciones van generando hostilidad y agresiones contribuyendo a un clima de bronca entre ambos, el cual destruye la sexualidad”.

6.- Expectativas y decepciones.

“Aquí se mezclan decepciones mutuas debidas a falsas expectativas respecto al matrimo­nio o la pareja que no son satisfechas por el cónyuge y en lugar de ser habladas se dirimen en la pelea a la hora de ir a la cama. Muchos suponen que al ponerse de novios o convivir irán a solucionar un proble­ma sexual arrastrado desde la juventud (impotencia, anorgasmia, eyaculación precoz) y cuando, pos­teriormente, ven que su pareja no logra ‘curar­los’ mágicamente reaccionan con hostilidad. Otras expectativas no sexuales que no son satis­fechas también pueden movilizar agresiones a la hora del coito como, por ejemplo: Necesidad de dependencia o de éxito económico o expectativas de ascenso social o de triunfo a tra­vés del matrimonio. Cuando algunas de estas fan­tasías no son cubiertas por el otro pueden gene­rar conflictos en el área sexual”.

7.- Sutiles sabotajes.

“Una forma habitual de sabotaje es frustrar al compa­ñero en lo que al otro le gusta, haciendo lo o­puesto o algo distinto de lo que él o ella desean. En esto la pareja se trenza en una escalada terrorista de pedidos y negación de los mismos: ‘Basta que yo pida A para que él haga B’. En relación al arte supremo de frustrar al otro, cual émulos de la célebre Dora freudiana, logran convertirse en expertos en amargarse la vida. Estos desencuentros y mecanismos de frustración, propia y del compañero, son muchas veces conflictos individuales que existen desde an­tes de la conformación de la pareja; entre ambos se constituyó una complementación, donde ambos engarzan sus problemáticas, reforzando la persistencia del síntoma. Por ello, la mayor parte de las veces, los tratamientos funcionan mejor cuando se abordan, con ambos miembros de la pareja, estas dinámicas estabilizadoras que mantienen con un delicado equilibrio y que pueden descompensarse si se busca la resolución desde uno solo de ellos. Esto se ve con toda claridad en las terapias de los matrimonios no consumados, relación en la que nunca ha habido un coito con penetración. Durante años estarán luchando arduamente, cuan­do en realidad el deseo inconsciente en ella es no ser penetrada y en él de no penetrarla complementando así el reforzamiento de la fobia mutua”.

 

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