¿Qué hacer cuando la pareja va mal? Consejos y orientación.

¿Qué hacer cuando la pareja va mal? Consejos y orientación.

Qué es lo que hace que una pareja funcione? Se dice con frecuencia que el factor clave de una relación exitosa es la comunicación. Pero el tema va más allá y muchas veces los elementos que entregan a una pareja estabilidad es la capacidad de negociar y resolver conflictos, pero lo más importante es lo que algunos especialistas llaman “la diferenciación del Yo”.

Muchas veces las discusiones o quiebres en la pareja son por culpa de la falta de comunicación, la no expresión de las emociones e insatisfacciones, la falta de aprendizaje a la hora de discutir y en muchos otros casos, la no conservación  de la individualidad. La sicóloga clínica, especialista en terapia de pareja y familia, Alicia Moreno, ha dicho que “es desde la autonomía, no desde la dependencia o necesidad del otro, como se puede conseguir una relación más sólida”.

La diferenciación del “Yo”

“Un primer paso para entender nuestras dificultades en las  relaciones íntimas es valorar hasta qué punto nuestro «yo» está  bien diferenciado, es decir, hasta qué punto tenemos una identidad  autónoma, definida desde nosotros mismos, y somos capaces de  asumir verdaderamente la responsabilidad por los propios  sentimientos, pensamientos y acciones, en lugar de poner esa  responsabilidad en los otros (padres, cónyuge, etc.)”, dice la sicóloga. Y es que desde nuestra relación con nuestros padres, vamos desarrollando el concepto de nosotros mismos; el que inicialmente corresponde a la aprobación y el cariño que nuestros progenitores nos demostraron. Luego, somos capaces de actuar espontáneamente, llegando posteriormente a la adolescencia cuando nos cuestionamos todo a partir de nuestras familias. Así formamos nuestra personalidad adulta, apropiándonos de algunas características de nuestra familia que nos parecen positivas como sus valores, estilos de comunicación, etcétera.  De esta manera llegamos a un “Yo” diferenciado, que combina autonomía e intimidad a la hora de formar relaciones.

Características ideales

Las características de una persona bien diferenciada, según esta especialista, ayudarán a mantener una relación emocional sólida y estable. Estas son: *La capacidad de separar los pensamientos de los sentimientos. Ser capaz de estar en contacto con los propios sentimientos, por muy dolorosos o intensos que sean, pero no dejarse inundar o dominar por ellos. Ser capaz de pensar y analizar las cosas con calma.

*La capacidad de mantenerse conectado emocionalmente con las  personas significativas del entorno. No cortar la relación por  completo cuando ésta se vuelve difícil, como si eso resolviese los  conflictos. *Tener una visión realista de uno mismo, de los propios fallos y  cualidades. Es importante tener una especie de ‘plan de vida’, es  decir, haberse planteado qué es lo que uno realmente piensa,  quiere, cuáles son sus necesidades, sus prioridades, sus valores.

*No tener temas tabú, es decir, poder hablar de asuntos significativos y  difíciles y mantener una postura clara con respecto a ellos. *Respetar la individualidad. Tolerar las diferencias de opinión  con personas significativas sin intentar convencerlas ni abandonar  las propias creencias. No sacrificar «Yo» por la relación, ni esperar  que el otro lo haga. *Actuar en función de uno mismo, de lo que uno piensa y  quiere, no de una forma impulsiva o movida por la ansiedad, sino de  forma pausada y racional.

¿Qué hay que evitar?

La falta de diferenciación del “Yo” ( o grado de madurez) es gatillante de relaciones erróneas, sin futuro e inestables. Por lo mismo, hay que evitar reaccionar con ansiedad ante problemas o dificultades en la relación; olvidar que es el otro el que provoca nuestras reacciones o sentimientos; actuar de una forma reactiva (no pensamos con calma en nuestra forma de actuar); distanciarse negativamente de la relación como intentando lograr así cesar las discusiones; en vez de enfrentarlas y solucionarlas.

¿A qué tipo de pareja perteneces?

Según la sicóloga clínica Alicia Morales, existe una tipología de parejas en conflicto. Descubre a cuál pertenecen ustedes.

1. La pareja en la que los dos se distancian. Esta pareja sería aquella en la que los cónyuges tienen poco contacto emocional entre sí: pasan poco tiempo juntos, no hablan casi nada, tienen únicamente amistades y actividades independientes uno del otro, a penas tienen relaciones sexuales, desconocen cómo piensa o siente el otro en asuntos importantes, etcétera. Como les  produce angustia o malestar el enfrentarse a las dificultades de  relación o tratar determinados temas con su cónyuge evitan  esa angustia mediante la distancia física o emocional. En definitiva, su falta de  diferenciación es lo que interfiere en la relación. Es decir, estamos tan poco independizados de esa persona que necesitamos la distancia física  para tener la sensación de que somos autónomos.

2.La pareja en la que uno se distancia y el otro lo persigue. En esta pareja, uno de los cónyuges expresa el deseo de mayor autonomía (generalmente, el hombre), y el otro el deseo de mayor intimidad (la mujer). Cada uno está convencido de que la culpa de que la relación no funcione es del otro. Él se queja de que ella lo agobia; ella se queja de que él nunca quiere hablar. El cónyuge perseguidor intenta, cuando se encuentra angustiado, conseguir mayor intimidad en la relación; tiende a interpretar la distancia del otro como un rechazo; suele perseguirle con gran obsesión y, luego, si el otro no responde ante ese acercamiento, se retira en una forma de castigo. El otro  cónyuge, suele reaccionar ante esta situación alejándose física o  emocionalmente, e incluso cortando por completo la relación  cuando ésta se vuelve demasiado problemática. 3. La pareja del súper competente y el poco competente. Éste es un tipo de relación en la que uno de los cónyuges es aparentemente más maduro y el otro  aparece como más problemático. El cónyuge más débil suele desarrollar síntomas físicos o emocionales cuando aumenta el estrés o la ansiedad,  convirtiéndose así en el tema de preocupación de la pareja o la  familia. De forma implícita, invita a los demás a hacerse cargo de él. Por otro lado el cónyuge aparentemente más fuerte es el que parece que lo tiene todo muy claro, sobre todo en lo que se refiere a los problemas ajenos. Acude  rápidamente a dar consejos; asume el control de los problemas y le resulta muy difícil mantenerse al margen y dejar que el otro se las arregle solo. Al centrar su  energía en el otro, tiene dificultad en ocuparse de sí mismo y de sus  propios problemas, y le cuesta mucho mostrar al otro la parte más  vulnerable de sí. El cónyuge más competente se suele sentir frustrado, porque está haciendo esfuerzos por ayudar al otro, y éste no responde. Pero, en general, suele sacar bastante provecho de este papel, puesto que se siente  útil y esto le da seguridad en sí mismo.

Pasos para mejorar

1.-Es importante hacer un auto-análisis y ver hasta  qué punto necesitamos definir mejor nuestro «Yo». Esto nos ayudará a estar mejor preparados para aportar más a la relación de pareja.

2.- Entender de qué forma estamos manteniendo el problema.

3.- Escoger un pequeño paso en dirección distinta de la que hemos seguido hasta ahora. Reflexionando antes sobre si verdaderamente estamos dispuestos a asumir los riesgos del cambio, y sobre si éste es el momento apropiado para ello. Debe ser un cambio motivado por un deseo auténtico de crecimiento personal. La clave del cambio es hacerlo muy poco a poco, planteándonos metas modestas y mediante acciones que no nos provoquen una gran ansiedad.

4.- Prever que una vez iniciado el cambio, vamos a ‘echar de menos’ nuestra forma de actuar anterior, y una ‘fuerza’ dentro de nosotros va a empujarnos a retroceder. De esa forma, podremos aportar mayor riqueza a la relación.

 

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