¿Se aproxima una crisis en tu relación? Aprende a reconocerla

¿Se aproxima una crisis en tu relación? Aprende a reconocerla

Todas las parejas sufren de vez en cuando una crisis que los asusta y los lleva a cuestionarse miles de cosas respecto a su relación. Y es que es parte del crecimiento de cada individuo, el hecho de pasar por momentos inestables que fortalezcan los lazos emocionales. Pero, ¿qué hacer frente a una situación como ésta?, ¿cómo identificar que pasamos por una crisis?

 

El ser humano no está preparado o, más bien, no ha sido educado para enfrentar momentos críticos en su vida, por lo que le teme de sobremanera y no sabe muy bien cómo actuar frente a ellos. Y cuando el tema de la crisis afecta el lado más emocional, es decir, el de pareja, el temor se hace más profundo aún. Sin embargo, las crisis en las relaciones se presentan desde un comienzo y tienen que ver, en esta etapa, con un acomodo o acoplamiento y muestra de las esencias individuales. Al principio de toda relación se vive un ambiente de mucho romanticismo, de piropos constantes, de mucho enamoramiento. Pero al evolucionar, el enamoramiento inicial se transforma en uno más maduro y sólido, si es que alcanza a llegar a esa etapa y no desaparece durante el acoplamiento. Y es que hay que tener en cuenta que cada uno tiene costumbres y hábitos diferentes, muchas veces hay que renunciar a un estilo de vida, para comenzar un proyecto de vida en común que parte del amor y de la ilusión.

 

Los obstáculos de los primeros años

 

La primera etapa de una relación está llena de momentos mágicos que se viven con muchísima intensidad, pero que además deben sortear muchos obstáculos que los empujan a caer. La convivencia diaria hace desvanecer la idealización que se tiene de la pareja y ahí surge el primer desencanto. Paralelamente, hay que ceder y adaptarse a otro estilo de vida, a otras costumbres, produciéndose importantes cambios a nivel personal, originando conflictos que hay que solucionar.

Dentro de los problemas más comunes que surgen en esta etapa, está la imposición de ideas y conductas, la obligación e ceder e intentar imponer la forma de actuar y de organizar la vida en común. Encontrar un equilibrio y una buena comunicación es fundamental para salir de esta crisis.

 

La crisis de la mitad de la vida

 

Al llegar alguno de los dos a la mitad de nuestras vidas, comienza inevitablemente un balance interno que muchas veces desestabiliza la relación que se vive. Y es que cuando existen estos tipos de evaluaciones, se rememoran tiempos de juventud, se recuerda todo lo que se dejó por mantener esa relación, lo postergado y se analiza se cumplieron las etapas previstas. Esto puede llevar a una frustración tal que ponga en jaque la relación de pareja.

En esta etapa también surgen problemas por la rutina llevada y el aburrimiento que eso provoca, colapsando a cualquiera de las dos partes y llegando, algunas veces a caer en la temida infidelidad. Es precisamente en esta etapa cuando hay que estar más atentos a lo que vive y siente nuestra pareja, para demostrarle mucho amor y hacerla sentir feliz y evitar así una crisis mayor.

 

La llegada de la vejez

 

Esta es una linda etapa en una pareja, porque si se ha logrado saltar todos los obstáculos y crisis vividas durante los años juntos, la relación de ha estrechado y se produce un reencuentro entre ambos. Como se dispone además de más tiempo libre y de más espacios para la pareja, se permiten estar más tiempo juntos y vuelven a enamorarse. Esto en el contexto en el que no se han mantenido conflictos sin solucionar y producto de eso existan remordimientos, rencores o situaciones que distancien a la pareja hasta llegar a la vejez ignorándose por completo. Para que eso no ocurra, la atención hay que ponerla desde los primeros años, para no acumular rabias, problemas y crisis que estallen alejando por completo a la pareja.

 

Reconocer las crisis

 

Para actuar a tiempo, es necesario saber reconocer cuándo se está mal y cuáles son los factores que llevan a la pareja a no entenderse, más allá de los códigos disímiles que manejan hombre y mujeres. En este sentido, a continuación enumeramos los impulsores más comunes de una crisis:

a.- Cuando la competencia hace actuar de manera individual. Es decir, cuando todo se convierte en una lucha entre hombre y mujer, por quién gana más que el otro, quién hace más cosas, quién es mejor, qué es lo que uno quiere… y nada se ve como un “vencer juntos” al destino.

 

b.- Cuando las descalificaciones son frecuentes e hirientes. La descalificación mutua es un arma de doble filo que puede provocar la más grande de las crisis. Es decir, los problemas sólo se agravan si se marca constantemente el error cometido por el compañero. La ira, la indiferencia y el rencor, sólo nos alejan del otro e impiden cualquier tipo de comunicación normal. Por ello, es muy importante, tener sumo cuidado con lo que se hace y se dice dentro de una relación.

 

c.- Cuando la confianza se está perdiendo. Lo peor que le puede pasar a una persona es que no pueda compartir sus inquietudes, dolores, miedos, anhelos e ideales con su compañero. Y es que cuando se pierde la confianza, el diálogo se diluye y se limita a la comunicación cotidiana pero no de fondo, tornando a la pareja en extraños y volviéndolos solos pero en pareja, desconociendo todo acerca del otro y de sus sentimientos.

 

d.- Cuando no nos escuchamos. Si no nos escuchamos, no nos entendemos o mal entendemos todo lo que se nos dice. Por eso es importante que cada pareja se de tiempo para conversar, para hablar de lo que le pasa, de lo que vivió y de lo que siente. Si no existe comunicación, no se le puede informar al otro las necesidades que se tiene y, por ende, tampoco puede satisfacerla, haciendo más honda la crisis pues agranda el problema.

 

e.- Cuando un tercero entra en la relación. La infidelidad es uno de los hechos más traumáticos que puede vivir cualquier persona que esté en pareja y es una señal gravísima de que algo no está funcionando como debería. Claro que hay que tener en cuenta que una infidelidad no siempre lleva a un quiebre. Pues para poder perdonar al otro es necesario saber por qué te ha traicionado, qué es lo que realmente se siente por el otro y asegurarse que el dolor que se siente no es por el orgullo, sino que por el amor herido. Ahora bien, si la infidelidad es recurrente, es una clara manifestación de que existe un vacío en la relación y en la persona.

 

f. Cuando alguno de los dos sufre estados depresivos. Esto es, que cuando alguna de las partes está viviendo estados de tristeza, de depresión y de vacío matrimonial; es claro que se vivirá próximamente una crisis de importancia que necesitará, generalmente, de ayuda externa, para sanar el alma de quien lo vive y la relación que amortigua ese estado anímico.

 

g.- Cuando nada pasa en la relación. Cuando se llega a una etapa en la que ni se pelea, ni se ríe, ni se hace el amor ni se siente nada frente al otro. Una extraña apacibilidad que los hace seguir conviviendo pero por costumbre y sin la necesidad del otro. Además, han desaparecido la cortesía, las manifestaciones de afecto, las caricias, las muestras de interés, los detalles de antes; lo que provoca desilusión y amargura por los tiempos antes vividos.

 

h.- Cuando los celos se vuelven enfermizos. Cuando alguna de las partes se siente demasiado insegura y celosa, pensando que la otra persona está con alguien o le interesa alguien más. Cuando esa historia -no confirmada, claro- realmente consume el pensamiento y el actuar de la persona, la crisis es inevitable.

 

i.- Comienzan las evasiones. Alguno –o ambos- se evaden constantemente a través de la televisión, los niños, el fútbol, los amigos, el exceso de trabajo, las enfermedades, los vicios, etcétera. Eso denota que existe un problema al que no se le quiere hacer frente por comodidad o por temor.
Para poder enfrentar estos problemas que acechan una relación, léelos con detención y descubre si alguno de esos síntomas se está viviendo en tu pareja y de qué manera te afecta física y sicológicamente. Averigua también si has cometido algún error que te ha llevado a esa situación y ve si realmente estás dispuesta a cambiar. De la misma manera, conversa con tu pareja lo que sientes y cómo evalúas la relación, para que él haga lo mismo y busquen una solución en conjunto. Si actúan a tiempo, la crisis causará menos estragos, menos dolor y fortalecerá su amor.

 

 

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