Sexo loco fuera del dormitorio (Historias)

Sexo loco fuera del dormitorio (Historias)

sexo-en-playaLa pasión a veces nos supera y nos sorprender en los lugares más extraños. ¿Cuál es tu historia sexual más loca? Entrevistamos a 7 mujeres que nos contaron sus hazañas. Este es el ranking del sexo excéntrico. Anímate a superarlo.

Sexo, sexo, sexo… los hombres piensan casi todo el día en sexo, y nosotras no lo hacemos nada mal. Pero cuando el sexo se apodera de nuestros impulsos, podemos olvidar el pudor, la vergüenza e incluso el peligro. La pasión ardiente a veces nos domina por completo.

Siete mujeres destaparon aquí sus secretos y contaron los lugares más locos donde decidieron dar rienda suelta a su erotismo y a su deseo descontrolado. Es un ranking inicial, que seguramente podrás completar tu misma con tus amigas. Lugares hay muchos, historias demasiadas, pero sobre todo, la intención de hacer de la sexualidad un juego que elimine la rutina y reanime el desamor. Esta es la gracia del sexo en esencia, aflorar sensaciones, mejorar el ánimo, provocar conexión y hasta embellecernos. Muchos beneficios como para no aprovecharse de él.

En las rocas de Con-Cón, Andrea V.

“Esto fue en 4 medio, verano, fuimos con unas amigas al Jamaica-Jamaica  a bailar y conocimos a unos argentinos guapos. Luego de tomar y bailar y cantar mucho, comenzamos a -en esa época- a “atracar” y la cosa comenzó a subir de tono y bueno, partimos todos, mis amigas y sus respectivos ‘pinches’ de esa noche a las rocas que están al frente. Entre lo romántico que era estar al lado del mar y la luna, las cosas se fueron dando y dando y bueno, terminamos ‘tirando’ arriba de una roca. Imagínate lo duro que era cuando él estaba encima mío y más encima moviéndose. De todas maneras fue anecdótico y rico, además que inolvidable. ¡Tenía 18 y aún me acuerdo! Por lo demás el él no era muy suave que digamos, porque a esa edad (habrá tenido 19 máximo), lo que menos te importa es cómo se siente el otro, ¿no? Con mis amigas del colegio aún nos matamos de la risa cuando nos acordamos. Además que estábamos bien expuestas, porque era un conocido mirador y donde pasaba mucha gente, pero filo a esa edad nada te importa, eres inmortal y puedes hacer todo, incluso tirar en unas rocas”.

En el escritorio de su Jefe, Katia A.

Él era un empleado cualquiera (tenía 35 años y yo 28) y de vez en cuando se quedaba en la oficina hasta más tarde y le dejaban las llaves para que él cerrara. Un día subí a su oficina y ahí empezó todo (ajajjaa). Entramos a la oficina de su jefe que era terrible y lo hicimos sobre su escritorio.  La oficina era casi toda de vidrio ¡y pasaban los conserjes alumbrando hacia dentro de la oficina con linternas! Fue pura adrenalina. Luego yo estaba en el baño ahí mismo y llegó la secretaria que venía de un Happy Hour y también tenía llaves… Él tuvo que entretenerla y hacer que entrara a otro baño ni me acuerdo con qué mentira. Estuve más de una hora encerrada en un baño de 1×1. Pero valió la pena porque fue lo máximo. Nos reímos un año y hasta el día de hoy me acuerdo de él por eso…”.

En el suelo de un baño, Paula R.

“Llevábamos 2 años de casados y ya teníamos un bebé. Como siempre estábamos con nuestro hijo en casa y nos quitaba mucho tiempo, no nos quedaba espacio para poder hacer el amor tranquilos. Y nos invitaron a un asado fuera de Santiago. Como nuestro hijo estaba enfermo lo dejamos con mi suegra y partimos solos. Estábamos contenidos y lo único que queríamos era estar juntos. Así que en medio del aperitivo y mientras se asaba la carne, nos escabullimos al baño de la casa (era muy grande, en medio de una parcela) y en las baldosas tuvimos el sexo más ardiente de todo nuestro matrimonio. Los amigos se escuchaban en el pasillo, pasando para allá y para acá, y nosotros hasta sudados en el suelo del baño. Inolvidable”.

En la lancha con luna llena, Alejandra K.

“La casa estaba llena de gente y el espacio para estar solos era escaso. Íbamos a estar un mes en el lago y necesitábamos conectarnos. Así que esa noche tomamos una botella de champagne, dos copas y subimos a la lancha. La noche estaba maravillosa. Luna llena y aire tibio. Y en medio del lago tuvimos sexo largo y tendido. Con regaloneo posterior incluido. Fue tan romántico que aún lo recordamos con nostalgia”.

En un yate en Cancún, Laura N.

“Estábamos de vacaciones con unas amigas cuando conocí al más espectacular brasileño que había visto en mi vida. Bailamos toda la noche y nos besamos en la playa. Al día siguiente me invitó a un paseo en yate de película. Tomamos unos tragos deliciosos arriba del yate, nos besamos y terminamos teniendo sexo. El problema es que había dengue y estuve toda la tarde temiendo que un mosquito me picara y terminara mis vacaciones con dengue. No me pode concentrar en lo que estaba viviendo de puro nerviosa…”

En un estacionamiento del Alto Las Condes, Francisca B.

“Fue la cosa más loca que he hecho. Estábamos con mi pareja en el Alto Las Condes y nos quedamos haciendo compras hasta tarde. Pasamos a comer algo y tomamos vino… mucho parece. Cuando fuimos al estacionamiento nos íbamos besuqueando de lo lindo muertos de la risa. No quedaban casi ya autos, pero estaba todo iluminado. Nos subimos a la camioneta y terminamos haciendo el amor como animales en celos. ¡Súper calientes! Y además con el miedo a ser vistos… Luego nos dimos cuentas de que había cámaras en todas partes… Dimos un espectáculo”.

En la casa de la suegra, Pamela F.

“Llevábamos 3 años de pololeo y la relación ya era de confianza. Tanto que mi suegra no nos molestaba si estábamos en la pieza con la puerta cerrada. Un día salimos de la piscina y nos fuimos a su pieza. Ya habíamos hecho precalentamiento en el agua… así que entramos y sin ninguna vergüenza, hicimos el amor con toda la familia dando vueltas. Claro que lo hicimos calladito… todavía nos acordamos del susto cuando sentíamos los pasos cerca de la puerta”.

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