Sexualidad e infancia, por la psicóloga Karla Donoso.

Sexualidad e infancia, por la psicóloga Karla Donoso.

Cuando leemos el término “sexualidad” rápidamente nuestros cerebros la asocian al “sexo”, más directamente a la genitalidad y al coito, si lo sumamos a infancia y más cerca aún, a nuestros hijos, el tema se complica, pero estamos lejos de alcanzar la complejidad del concepto.
La infancia es una etapa maravillosa, donde la inocencia siempre ha sido el sello, por lo que el sexo propiamente tal está lejos de ser un tema que creamos conveniente y pertinente de ser tratado con nuestros hijos e hijas.
Sin embargo, en la actualidad cada vez de forma más prematura, el sexo es un tema que aparece en la vida de nuestros hijos e hijas de maneras poco adecuadas y que ha llevado a que debamos preocuparnos de transmitirles información correcta que permita un buen desarrollo psicosexual. Ahora bien, ese es un tema amplio e interesante, pero la sexualidad abarca más que educación sexual.
Ampliamente en esta página se han abordado temáticas relacionadas a mirar el sexo más allá de lo corporal y lo genital, pues efectivamente frente a nosotros tenemos a otra persona (con toda la complejidad que ello implica a nivel emocional, cognitivo, físico, sexual, etc) y no un fragmento útil para satisfacer nuestro placer corporal y/o psicológico.
Yo deseo ir incluso un poco más allá. La sexualidad propiamente tal se relaciona con lo genital, con lo sexual, pero también con los ritmos en el que nos relacionamos con los otros, me explico: cuando cursamos nuestra infancia gran parte de lo que aprendemos lo adquirimos de nuestros adultos más cercanos, en general son nuestros padres, pero no siempre son ellos los que están presentes por lo que extiendo el “adultos” a todo aquel que acompañe diariamente la cotidianeidad de nuestros hijos.
Parte de lo que integramos a nuestros sistema psíquico guarda relación con las formas de trato hacia los otros: cómo se entregan los afectos?, cómo se solucionan los conflictos?, cómo se vive el cuerpo?, cómo se habla de sexo?, nos abrazamos para demostrar el afecto o solo nos hablamos sin tocarnos?….en la medida que vamos respondiendo aquellas preguntas podemos ir comprendiendo nuestros patrones en la actualidad con nuestras parejas pues nuestra relación vincular con nuestros progenitores se pone en juego cuando estamos con un otro.
Esto no tiene por qué ser transmitido verbalmente, son aspectos que se ingresan al sistema de manera delicada, pero profunda, se transforman en información inconsciente que se actúa cuando iniciamos una relación.
Si nos enseñaron que el afecto se transmite por medio de caricias y de respeto entonces podremos repetir aquello en las diversas relaciones que tengamos a lo largo de nuestro ciclo vital. Sin embargo, si la forma de mostrar afecto se ejecuta por medio de malos tratos, golpes, gritos, humillaciones, etc, entonces eso también lo adquiriremos como patrón y lo llevaremos a la práctica en la posteridad.
Muchos padres y madres, o adultos en general, me tienden a decir que esto no es una consecuencia que siempre sea directa, y en ello tienen mucha razón, pero sí ocurre que normalizamos los patrones que vemos a nuestro alrededor durante la infancia, por qué?, porque la familia es el núcleo donde aprendemos a regularnos, a regular al otro, a empatizar, a vivir las emociones, a distinguir lo que está bien de lo que está mal, entre muchas otras cosas.
Por ello si es normal el golpe para entregar afecto entonces eso es lo que posteriormente llevaré a cabo en otras relaciones. Ahora bien, muchas veces cuando logramos hacer consciente aquello podemos cambiar el patrón de relación y adquirir uno nuevo.
Por ende, si a nuestros hijos e hijas les demostramos el afecto de una determinada manera, eso también en la posteridad impactará en su vida sentimental y sexual. Si el cuerpo se vive como pecaminoso, como un peso, como algo indecoroso entonces también eso generará conflictos cuando deba exponer su cuerpo en un acto sexual, más aún la connotación que entreguemos al sexo determinará la forma de vivenciar su vida sexual en la adolescencia y en la adultez.
Como se ve, la sexualidad abarca también los afectos, la forma de resolver conflictos, las caricias, la forma de ver al otro y todo ello comienza desde el momento de nacer…por eso son tan importantes los primeros años de vida (sobretodo los dos primeros) pues en ese tiempo se crearán las conexiones neuronales que posteriormente permitirán reaccionar de una u otra manera frente a las relaciones afectivas y sexuales.
Cuando alguna situación traumática rompe el equilibrio del desarrollo psicosexual entonces también se generan dificultades, daño y conflictos. Lo conversaremos en una siguiente columna.

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