Relatos Eróticos

“Un amanecer delicioso”, por Gabriela #concurso #turelatoerotico

Tanto tiempo cansados, tratando de conversar y durmiéndonos en el intento, tratando de tener un espacio y rindiéndonos ante la poca energía… Era un domingo, lo siento moverse en la cama y con un ojo miro el reloj (qué mala costumbre!), son casi las 7 de la mañana, apenas hay luz. Hay silencio, ni nuestro hijo ni los gatos se escuchan. Me pongo frente a él, ya me estaba esperando con una sonrisa; nos besamos de esa manera mañanera, con flojera pero diciendo “te he echado de menos”; busca mi cuello y yo le facilito ese lugar que me encanta; con lengua, con saliva, con hambre; sé que nos preguntamos si tendremos tiempo, pero nunca queremos apurarnos; ambos comenzamos a sentir que nos desperezamos, nos movemos con mayor conciencia de nuestra excitación; baja su boca y toma un pezón, suave, usando la lengua para jugar con él y luego succiona y yo me arqueo de tan rico que se siente; sigue ahí sacándome sonidos silenciosos, sacándome movimientos reflejos, y juego con su pelo, con las uñas en su cuero cabelludo, hundiendo los dedos en sus hombros; lo siento moverse y yo le expongo el otro pezón y vuelve a jugar con la lengua mientras sus dedos se quedan en el primero; con mi pierna busco su erección, ya contundente, y masajeo sus testículos con mimo aprovechando el movimiento sinuoso que aparece solo, me siento como flotando entre olas… nos damos cuenta que ambos tratamos de no hacer ruido y disfrutar todo lo que robemos a esta mañana… no sé cuánto tiempo estamos así, no nos importa, y es él quien escucha a nuestro hijo levantarse; siempre se acerca a nuestra cama a saludarnos. Nos pide permiso para jugar a su play4, casi al unísono le decimos que se duche antes (nos miramos y reímos del apuro con el que lo decimos); sabemos que tenemos poco tiempo… escuchamos correr el agua y comienza una carrera… me doy vuelta, busco su pene con mi mano a mi espalda y acaricio la punta, y a lo largo, y los testículos; él no suelta mi pezón y la otra mano encuentra mi clítoris, sumerge uno, dos dedos y yo ya estoy lista… siempre estoy lista para él… hago que su pene se humedezca en mí y lo ubico justo en mi entrada, él reemplaza mi mano para hundirse lento, sacándonos ese aaaaaah que nos calienta aún más; nos acomodamos para profundizar más y, con su mano en mi hombro, comenzamos el baile; busca mis pezones, busco la base de su pene, se detiene para usar su lengua un minuto, eso me pone tan ansiosa que lo obligo a ponerse boca arriba y lo monto de esa manera que sé que hará que duremos poco; lo siento eyacular y eso me lanza en un orgasmo que alargo al no dejar de moverme pero más lento, más profundo incluso… y nos miramos; la ducha aún suena por un minuto más y se nos acaba el tiempo. Con la piel despierta, con olor a saliva, a sexo, a amor, nos vamos a por una ducha llena de mimos y promesa de desayuno en cama.

@KarenUribarri Karen Uribarri, sexblogger, periodista especializada en sexualidad, además de columnista y videobloguera con presencia en importantes medios de comunicación de Chile.

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